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lunes, 14 de agosto de 2023

Paisajes de Escocia

 

Hemos pasado una semana dando una vuelta por Escocia. He visto unos paisajes impresionantes, espectaculares y muy fotogénicos, pero solamente me apetecía sacar la cámara para registrar el paisaje humano de esa ciudad del norte en la que ya viví un verano. Aprovechando la aglomeración de gente en Edimburgo, debido a su festival, me lancé a la caza mayor. Mi propósito era acercarme lo más posible a las especies más interesantes y exóticas. El camuflaje era la propia multitud. La cazadora que llevo dentro, supurando adrenalina, consiguió algunas piezas de lo más apetitosas. Ñam, ñam. Cada personaje lleva incorporada una historia. Yo todavía no me he parado a inventarlas, pero aquí están las imágenes, esperando ─todo el tiempo que sea necesario─ a ser transformadas en otra cosa. 

















sábado, 8 de julio de 2023

Vida mamífera


                            Gala relamiéndose ante este gigantesco recipiente de agua


En nuestra recién estrenada jubilación, hemos inaugurado un entretenimiento que consiste en jugar a las casitas. Los días previos a cada una de las escapadas de este primer año “no productivo” me dedico a hacer un estudio inmobiliario de la zona: busco casas con jardín, comparo precios, elijo una y concierto una cita con el agente inmobiliario de turno. Mi marido acepta mi delirio con resignación, y de esta manera incorporamos esta visita como una actividad turística más del viaje. Así, de forma gratuita y juguetona, imaginamos nuestras vidas en ese entorno y fantaseamos con una manera alternativa de convertirse en seniors. No es lo mismo ejercer de jubilado en una zona montañosa, que en un pueblo rural o en una urbanización de playa. Esperamos, con ingenuidad de niños, que en uno de estos intentos una detonación efervescente acompañada de música celestial nos confirme que estamos ante la casa en la que desarrollaremos nuestra nueva identidad. Lo peor es que no estoy segura de querer comprar otra casa.

En este último viaje, tras sufrir varios malentendidos con el GPS, llegamos a la casa que la pareja que nos recibe construyó a partir de un granero. Está en el límite de un pueblo que parece sacado de una infancia ajena. Al entrar a la casa desde el jardín les preguntamos si dejamos a la perra fuera o la podemos entrar. Ella nos dice que la entremos. Mientras le saca  un recipiente con agua  apostilla que a ella no le gustan los perros ni los niños. Y añade que si pudiera decidir ahora no hubiera tenido hijos.

-Decir eso es muy valiente por su parte-le digo

- ¿Por qué?

-Por que habrá mucha gente que lo piense, pero no se atreva a decirlo.

Entramos. Nos enseña la casa. Se percibe que la han construido con mucho cariño. Bajo la supervisión y los planos que diseñó ella, nos comentan. El marido nos saluda, hace bromas. Resulta que ellos vivían cerca de donde vivimos nosotros. Se establece una cordialidad fluida y extraña. Se vinieron a trabajar aquí cuando él estaba por jubilarse. Al principio, de alquiler. Nos cuentan que tuvieron la taberna del pueblo durante unos años. Que ella cocinaba, aunque solamente lo que le gustaba. Los callos y las anchoas en aceite se convirtieron en una leyenda en toda la comarca.

La última habitación tiene vistas a un paisaje inacabable, pero en primer plano vemos y olemos una granja de cerdos. Nos gusta la casa para el precio que tiene, pero no acuden a cantar los arcángeles, solo los pájaros. Al subir a la buhardilla revestida de madera, con muchas posibilidades, se me ocurre preguntar cómo es que la quieren vender. Y entonces nos dicen que hace seis meses se les murió un hijo. A continuación nos sacan una foto del chico con sus dos hermanas. Todos los ojos se anegan y un temblor sísmico recorre la conversación de arriba abajo. Los nietos les necesitan. La situación reclama que regresen. Tienen que vender la casa.

Nos vamos hacia la casa rural donde nos alojamos. Durante el trayecto no me quito de la cabeza a esta mujer desolada y risueña a quien no le gustan los perros ni los niños, pero los trata como seres sagrados. Pongo mentalmente en fila a mis hijos y paso lista. Todos contestan: ¡presente!  Las dificultades que puedan tener en la vida son todas reversibles e insignificantes, me digo. No quiero seguir por ahí. Es fácil que las cosas se desmoronen por dentro si no se apuntalan bien. De repente siento frío.

Al día siguiente, mientras leo un libro en el jardín, oigo a los niños de la casa que arman jaleo. Están fuera de la jaula de los conejos. Un niño y una niña casi albinos. Sus padres son belgas. El niño es muy expresivo y tiene acento maño cuando habla con nosotros, supongo que flamenco cuando habla con sus padres. Me acerco a ver qué ocurre.

Acaban de darse cuenta de que la coneja ha tenido hijitos. Hay dos criaturas oscuras y diminutas forcejeando por acercarse a la madre. “Haciendo la croqueta”, dice el niño. La madre de los niños rubios entra en el recinto y mira dentro de la casita-nido.  Hay seis crías más ahí dentro. Un amasijo de vida palpitante. Encontramos otra arrinconada entre la casa y la malla metálica. La coneja está nerviosa y se mueve de un lado a otro. Ignora a la cría que hace la croqueta intentando enderezarse.

La propietaria está sorprendida y desolada porque dice que pidió que le aseguraran que le vendían dos hembras. No quería más conejos. Solo estas dos para sustituir a la coneja que tenían antes como mascota, que también estaba preñada pero que la mataron unos perros cazadores que aparecieron una noche desquiciados. Los intentaron espantar durante toda la noche, pero a las cuatro de la mañana entraron en la jaula. El niño me dice: yo lloré durante dos días enteros. El cazador vino a pedir disculpas al día siguiente. Solo disculpas trajo, y no eran muy convincentes. Se desplazaron doscientos quilómetros para comprar estas dos hembras. Otro huésped dice que seguramente ya vendría preñada.

A la mañana siguiente, antes de empezar a recoger todo, me acerco a la jaula y veo que una de las conejas está metida en una jaula más pequeña, separada de la coneja-mamá y comiendo una zanahoria. Robin, el padre de los niños rubios, me dice que resulta que es un macho porque esta mañana estaba intentando montar a la hembra. Se oye movimiento dentro de la casita. A ver cuántos sobreviven, me dice con una sonrisa mansa y resignada.

Nos vamos. Dentro de mi cabeza se enreda todo en un abrumador nudo de vida expectante y mamífera.

jueves, 29 de junio de 2023

Una enigmática compañía

 


Sale del museo bajo una gabardina. Un retrato pintado sobre madera de álamo blanco. El retrato contiene una sonrisa. La sonrisa baja escalinatas de mármol y atraviesa puertas. Nadie detecta esa extraña silueta poliédrica.

El discretísimo ladrón deposita el botín sobre la mesa del oscuro apartamento. Lo contempla, extasiado. Trata de interiorizar el gesto de la mujer. Se diría que ambos se conocen desde siempre.

Entretanto, los falsificadores intentan colocar copias indistinguibles a millonarios distinguidos. Los responsables se encierran para investigar y digerir su vergüenza. Los parisinos se preguntan para qué cerrarán la jaula una vez el pájaro ha volado. Los periodistas resoplan al ritmo vertiginoso de sus máquinas de imprenta.

A lo largo de dos años, visitantes de todo el planeta acuden a observar el rectángulo cuyas esquinas custodian cuatro pernos desolados. Llegan atraídos por esa ausencia inconmensurable, por ese trozo de pared que ha dejado de sonreír.

Mientras, el inmigrante italiano continúa deleitándose con su obra maestra de compañía en la misma orilla del Sena donde la robó. Ignora que, al retener el retrato de su paisana Lisa Gherardinni, transforma este pequeño cuadro casi desconocido en un vórtice hacia el cual todos nos precipitamos desde entonces sin remedio. 



Este texto participa en el concurso de Esta noche te cuento, bajo el lema Homo solitarius, vel est deu , vel bestia, Aquí en el blog.

domingo, 11 de junio de 2023

Feroz en tres dimensiones (lo primero, darle al video y ampliarlo)


 


Durante este curso he asistido a las clases de fotografía de autor que daba la fotógrafa Espe Pons en Molins de Rei. Mi proyecto ha consistido en convertir uno de mis microrrelatos en imágenes. Elegí Feroz porque el texto había ganado un certamen en mi ciudad de acogida ( en el marco del Festival de Terror y Gore de Molins de Rei). 

Ha sido emocionante y muy divertido intentar fotografiar caperucitas y lobos en los alrededores.  Imposible hacerlo yo sola. He involucrado a toda mi familia y a unos cuantos amigos. Gracias especialmente a Ana, Sara, Esteban, Cristina, y los niños María, Martí, Aina y Martina, por su paciencia. Y , por supuesto, a Espe y a mis compañeros de curso, Javier, María, Mercè y Pablo, que me han ayudado a fondo perdido y con los que he aprendido un montón. 





Con los cinco proyectos hemos montado una exposición en el museo de Molins de Rei bajo el nombre de Dèria, porque todos los proyectos están teñidos con un aire obsesivo e irreal.




Para acabar el recorrido de esta aventura Miquel Llobera, de Enveualta, ha puesto voz al texto y ha grabado este magnífico video. 

Ahora, además de leerse,  mi cuento se puede ver y escuchar. 

Yo estoy muy contenta, y lo único que se me ocurre es volver a agradecérselo a todos los que me han ayudado a conseguirlo. 

Cada vez me gustan más las cosas que aparentemente no sirven para nada, pero que nutren algo interior liviano y redondo hasta convertirlo en una pequeña burbuja de alegría. 

Abajo, un par de fotos de la exposición: familia y compañeros.  


 


Y las fotos que seleccionamos para la exposición 











jueves, 20 de abril de 2023

Una muerte prematura

 

                                               Fotografía del blog de La Microbiblioteca


La ceremonia resultó de lo más emotiva, y se ciñó a lo que ella había ido planificando con tanto esmero durante los últimos años. Serrat, Madredeus y Albinoni, cada tema en su momento. Diez ramos de rosas. Todas blancas, como había repetido hasta el empacho. Los invitados, de etiqueta, dibujando un semicírculo. Parlamentos en el orden prescrito: primero su amiga del alma, después el marido y al final unas palabras de sus adoradas niñas. Cada intervención iba acompañada de ojos enrojecidos y voz vacilante, como suele suceder tras un ataque de risa incontrolado. Al recordar sus paellas con el arroz pasado, o mencionar la exasperante obsesión por que nada escapara de su control en el guion de su funeral, los asistentes estallaban en carcajadas.

No podíamos más, mamá ─dijo la hija adolescente─ y hemos decidido que tenías que disfrutar de tu obra maestra en el más acá.  

La homenajeada, que acudió engañada a la reunión, observaba atónita la puesta en escena de su gran proyecto vital. Tan encantada quedó que ─tras ajustar un par de detalles de la escenografía y cambiar un plato del cáterin─ suspiró aliviada, y resuelta a no volver a morirse en una buena temporada.

 

Con este microrrelato he resultado ganadora de la convocatoria de marzo en categoría castellano en La Microbiblioteca. Aquí en el blog de la Microbiblioteca. Afirmaré  que estoy exultante de alegría ( porque no se puede decir más cursi y emotivo, pero real). Gracias a quien sea que le haya gustado y lo haya votado. 

viernes, 24 de febrero de 2023

Lenguaje no verbal

 


                                                                      fotografía propia



Mi madre comprendió la gravedad real del diagnóstico en el pasillo del hospital, media hora antes de la visita con su oncóloga. Lo supo cuando al intentar saludarla con una mano sonriente, ésta se puso a examinar con inusitado interés su espantoso reloj. 



martes, 14 de febrero de 2023

Angie

 

El jugo de sus bocas sabe a pulpa de mango. Sucumben a un aluvión de besos eléctricos, sedosos, líquidos. Esa cualidad acuática ejerce una presión de diluvio en sus cuerpos, ahora reducidos a una gigantesca boca de los Rolling Stone. La detonación de una supernova en una esquina del patio.

Al salir del instituto se van a la casa sin padres: la de ella. Hoy darán un paso más. Dejan las mochilas en el escritorio de la sala. El móvil del chico a la vista, en silencio.

Ella enciende una vela. Coloca en el tocadiscos un viejo LP, sin saber que la canción favorita de sus padres será ya para siempre su canción. El chico gestiona con pericia la esperada cuenta atrás. Se encuentran en el lugar del abrazo. Ella, de puntillas, eleva los hombros y sostiene la cara de él para que el beso sea más profundo, la pasión más vistosa. El mecanismo se acciona, implacable.

Tras una sonrisa cómplice se esnifan el pelo y continúan indagando en ese viaje al origen del universo, a las fuentes del Nilo, a la portentosa cara de Mick Jagger.

Ya subirán más tarde la foto a sus cuentas de Instagram. 


Microrrelato presentado a Esta noche te cuento en la propuesta inspirada en la frase de Terencio Amantes, amentes, algo así como Amantes, dementes. Aquí