Publicaciones

sábado, 26 de abril de 2014

Viejos amigos




Aquí se puede escuchar el audio libro producido por Pablo Gonz " Viejos amigos, una aproximación literaria al mundo de la vejez".Audioantología formada por 69 microrrelatos de 47 autores distintos que proceden de seis países: Argentina, Chile, Perú, Colombia, México y España. Los microrrelatos tratan del tema de la vejez desde todos los puntos de vista posibles (la nostalgia, el humor, la tristeza, la ironía, etc...) 
Yo participo con el microrrelato "Ventana oval" ( minuto 7.06). Gracias a Pablo Gonz y a todo el equipo que lo ha hecho posible, especialmente Mar González que ha puesto su voz de locutora experta y sensible a mi relato.

domingo, 20 de abril de 2014

Cándida

                                                                                   Robin Purcel
Apretaba, pero sin ahogar. Si, se le podría haber acusado de que se aprovechaba, pero siempre tuvo mucho cuidado en no agotar los recursos  y procuraba  administrarlos para beneficio mutuo.
Existía la exacta dosis de amor y de odio necesaria para mantener una relación tan difícil como poco comprendida.
Conocía sus quejas, pero no sentía ningún reparo en continuar con su inevitable cometido. Aunque no trajinara allá afuera como otras de su género, sus tareas de interior limpiando y criando a la prole eran ingratas y oscuras pero necesarias. Cumplía su destino con rigor.
Nunca hubiera imaginado, cuando entró en su vida, que pudiera llegar a incumplir las leyes más básicas de la hospitalidad. Por eso algo se quebró en el fondo de su memoria genética al notar su definitivo rechazo.  No pudo evitar un estremecimiento de decepción cuando-tras la visita al hospital- sintió cómo las fibras de su pared celular empezaban a disolverse al recibir la primera bofetada del antimicótico, que la muy egoísta le propinó a traición con tal de solucionar el molesto prurito vaginal provocado por la candidiasis.

sábado, 12 de abril de 2014

MARIPOSAS NOCTURNAS PAZ MONSERRAT REVILLO



Esta es la lectura que hizo Paloma Casado en el espacio "Cuento contigo" de Onda Cero de Santander de mi relato "Mariposas nocturnas".Sorprendida y agradecida.

martes, 1 de abril de 2014

Mi familia y otros animales


                                                                Ilustración de Vladimir Fedotko

De niña, mi madre tuvo un cachorrito -Teddy- que se metía en el bolsillo de la bata mientras practicaba sus lecciones de piano. Cuando creció (aunque siempre fue pequeño de tamaño) la tata Dora le preparaba tortillas y café, y las niñas lo bajaban a pasear. Murió con 16 años, gordo y feliz como cualquier perro de apartamento.
También tuvo un gallo que se llamaba Federico. Mientras fue un pollito amarillo y suave como una madeja de lana, mi madre y sus hermanas lo paseaban por el pasillo metido en un cochecito de muñecas, tapado y con el embozo de la sábana doblado. Lo entraban en sus dormitorios jugando a que eran mamás que se hacían visitas con un bebé. Cuando el pollito se convirtió en un gallo enérgico y rutilante fue relegado a la galería que daba al patio interior del edificio. Desde allí cumplía con su obligación y cada madrugada despertaba a todos los vecinos en cuanto vislumbraba el primer rayo de luz. Un día se precipitó desde el tercer piso y el portero lo subió, con su larguísimo cuello desmayado, para que se le diera un entierro digno.
En la familia de mi padre la relación con los animales era de muy distinta naturaleza. Ninguno tenía nombre. Los perros que tenían en la finca trabajaban -cazando- y se les daba las sobras y los despojos, si los había. A los niños no se les ocurría encariñarse con los conejitos o los pollitos, que eran percibidos como futuros guisados de domingo. Mi abuela paterna despellejaba animales con habilidad proverbial. Cuando mi madre fue, desde la gran ciudad, al pueblo para conocer a sus futuros suegros, le dieron una vuelta por la granja. Quedó prendada de un corderito que acababa de destetar su madre.¿Le gusta?-le dijo el capataz. Esa misma tarde lo mataron en su honor y se lo prepararon para la cena, para espanto de la cándida novia.
Nunca he podido comprender cómo se pudieron llevar bien mis padres procediendo de tan distintas maneras de entender el mundo.
        

Yo no sé a quién habré salido, pero algunas noches, contemplando las estrellas, me asalta algo semejante a la melancolía al pensar que el fantasma de la perrita Laika -la que enviaron los rusos al espacio- sigue orbitando incansable sobre nuestras cabezas, y desde allí nos observa con decepcionada tristeza.