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domingo, 30 de enero de 2022

Contra las categorías



Entiendo que la palabra adolescente produzca urticaria. De hecho, cuando los veo en grupo por la calle o entrando en un tren, cambio inmediatamente de acera o de vagón. Pero no permito objeciones a lo real de la conexión y el cariño que he sentido con la mayoría de mis alumnos. No me gustan los niños, pero criar a mis hijos ha sido una aventura asombrosa y llena de luz. Los perros ajenos me producen compasión, pero llevo muchos años sintiéndome salvaje y audaz cuando salgo a correr con los míos por el monte. Soy una solitaria que vive feliz con su tribu, en una casa siempre llena. No necesito ser muy sociable, ni demasiado simpática, pero cuido a mis amigos con cariño y tesón. Solamente hay una categoría que no supera la concreción: las figuras de autoridad impuestas y arbitrarias. El contacto con la mayoría de los jefes, algunas monjas de mi infancia, la gente que te dice lo que debes hacer… siempre me produjo algo parecido al sarpullido. Me escurro por los rincones e intento hacerme invisible en su presencia, como si quisiera evitar una emanación radiactiva. Y siempre he acabado teniendo conflictos velados o directos con ellos.  

Me pregunto cómo gestionaré el hecho de que dentro de poco no tendré más alumnos, todos mis hijos volarán, y los perros acabarán su vida demasiado corta. Cómo haré para no odiar a todos esos colectivos si no tengo ejemplares concretos para desmentir mi fobia a las categorías. Ya veré. La única ventaja, grandiosa y liberadora, es que ya no tendré jefes. Espero no acabar mis días en un asilo regentado por monjas.


2 comentarios:

  1. A mi siempre me abruman y producen recelo las personas que tienen una opinión inmutable sobre todo. Para mi que siempre dudo, reculo y rectifico ese tipo de personas me parecen muy peligrosas, aunque a veces me den envidia :)

    Es complicado enfrentar el paso del tiempo, se nos van muchas cosas de las manos y vienen muy pocas a ocupar ese lugar. Es fácil sentirse cada vez más perdido, más desconetado.

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  2. Tampoco me he llevado bien nunca con los jefes. Supongo que por eso soy autónomo. Precioso texto.

    Un abrazo.

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