Caín y Abel viven
en una familia antigua pero muy cariñosa. Antes de dormir su mamá les habla del
jardín frondoso en el que vivían de novios. Y de aquel árbol con los frutos tan
jugosos. De que papá y mamá solían pasearse desnudos sin sentir frío ni vergüenza.
Siempre le piden la misma historia. Pero cuando le preguntan por qué ahora
lleva esa túnica tan bíblica, ella es incapaz de ser sincera. Les dice que con
la glaciación hace más frío. O que le gusta vestirse a la moda de su tiempo. No
les confiesa que les está protegiendo de la visión de su vientre completamente
liso. No querría acomplejarlos por tener ese botón plantificado en medio de sus
barriguitas. El final de aquel horrible tubo gris que su padre tuvo que cortar
y anudar. Los dos con la misma anomalía, pobrecillos. No quiere ni imaginar que
se les deshaga el nudo. Lo llama cariñosamente Ring ring y aparenta no darle
importancia, aunque en realidad sabe que es un ombligo y les prohíbe tocárselo.
Y, sobre todo, no quiere que Caín descubra que el de Abel no sobresale como el
suyo y se ponga a compararse con su hermano.
Mi propuesta para la convocatoria actual del blog Esta noche te cuento, con el tema El vestido y la moda.Al final ha quedado entre los relatos mencionados. Y ha sido repescada en la última revisión para entrar en el libro.Aquí
Es una buena moraleja, nos pasamos toda la vida intentando ocultar cosas y, de pronto, nos explotan en la cara cuando menos preparados estamos para ello..
ResponderEliminarO bien: nos parece que lo nuestro es lo normal y lo de los otros anómalo. Gracias por tu fidelidad umbilical!
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