Mendips
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| El vestíbulo de Mendips,la casa donde se crío John Lennon |
“Las casas son cosas realmente extrañas.
Carecen de características definitorias universales: pueden tener cualquier
forma, incorporar virtualmente cualquier tipo de material, ser casi de
cualquier tamaño…Pero aun así, dondequiera que vayamos sabemos que son casas y
reconocemos la vida hogareña en el momento que las vemos” Bill Bryson
En casa
Al terminar la visita, justo antes de
salir definitivamente de la casa, la guía nos invita a cantar In my
life en el vestíbulo de Mendips, la casa donde vivió su
infancia y adolescencia John Lennon. Con el recuerdo todavía fresco de la calle Penny
Lane (que acabamos de ver viniendo en el autocar del tour) y los
campos de fresas (situados tras la casa) que dieron nombre a la
canción Strawberry fields forever, prolongamos la inaudita
sensación de localizar en un espacio físico concreto las canciones de los
Beatles. Cantamos, con algo de emoción y bastante de desafino, sobre los
lugares que siempre recordarían y amarían Lennon y McCartney, apretujadas junto a unos
desconocidos en el diminuto hall con baldosas de tablero de ajedrez. El único
lugar que Mimi cedía al larguirucho de su sobrino para que
ensayara con Paul, ese amigo suyo tan bien educado que tocaba la guitarra con
la mano izquierda.
La guía, Myriam, es una mujer madura, una lady encantadora
y entusiasta. Aproximadamente a la mitad de la visita nos confiesa que ella
solía frecuentar esa casa cuando era una niña. Junto a sus amigas, llamaban a
la puerta y espiaban por la ventana. Formaban parte de ese ejército de fans de
los Beatles que tan nerviosa ponía a la tía Mimi. Nunca los vio actuar juntos
porque era demasiado pequeña para ir a un concierto (su hermana mayor, en
cambio, sí lo hizo), pero más adelante vio a Ringo y a Paul en solitario, nos
cuenta con los ojos brillantes. Quién le iba a decir a ella que un día sería la
encargada de enseñar, a los turistas que quisieran conocer el entorno doméstico
de su adorado John, la casa que Yoko Ono compró y donó a la National
Trust. Una casa unifamiliar coqueta y elegante, decorada con detalles
de buen gusto, en la que se percibe la mano y la dedicación de una
concienzuda ama de casa. Cuando Myriam nos enseña la bicicleta apoyada en la
pared del patio, las vidrieras de estilo art nouveau, las tacitas
de porcelana de la salita, los posters de pin ups de la
habitación de John, las fotos de cuando era niño ( so cute!) … lo
hace con tanto cariño que una piensa que podría tratarse perfectamente de su
prima hermana, o su primera novia. Impresiona recorrer los espacios donde se
gestó la personalidad de un individuo tan creativo, sobre todo porque se trata
de un entorno estructurado y planificado hasta el último detalle. Y es que la
casa emana una contundente atmósfera de calma y orden, de solidez y disciplina.
Todavía se puede respirar la rectitud y las buenas maneras que la tía Mimi
trató de inculcar al sobrino que crió como a un hijo y al que sobrevivió once
años. Quizás el tío George, que ejercía de “poli bueno”, fue el contrapunto
necesario para que germinase el talento del chico más indómito del
barrio.
El puzle se va armando con pequeños
apuntes sobre su biografía, que Myriam dosifica a medida que recorremos las
estancias: la temprana separación de sus padres, la decisión de que viviera con
el matrimonio de sus tíos, la muerte súbita de su tío George y el atropello
mortal que sufrió Julia, la madre de John, frente a Mendips tras
una visita para tomar el té con su hermana cuando John tenía dieciocho años.
Los libros leídos, el reportaje sobre
Cynthia, el disco blanco al completo, los acordes a la guitarra de Norwegian
wood... y el resto de mi adolescencia desfilan por mi mente,
atropellándose, mientras Beatriz deja una dedicatoria en el libro de visitas.
Cantamos In my life con el fervor con el que se entona un
himno, y a continuación nos subimos al minibús para dirigirnos -atravesando
calles pespunteadas por árboles que estallan en flores- a la casa de Paul
McCartney.
There are places I'll remember
All my life, though some have changed
Some forever, not for better
Some have gone and some remain
All these places have their moments
With lovers and friends I still can recall
Some are dead and some are living
In my life, I've loved them all
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| El patio trasero de la casa de la tía Mimi |
Subo este fragmento del viaje que hice con Beatriz Alonso a Liverpool y Haworth el día que se cumplen 35 años de la muerte de John Lennon.


Jo Paz, tenemos telepatía, acabo de subir la crónica a mi blog... besos!!!
ResponderEliminarDurante el día me he ido acordando de su casa, y al final he decidido subir la crónica de Mendips, como un homenaje a John...y a nuestro viaje.
Eliminarla crónica que se complementa con la tuya
ResponderEliminarLa tuya está completa, la mía troceada, pero sí que es verdad que aunque estuvimos en el mismo sitio percibimos matices distintos. Diferentes perspectivas sobre lo mismo lo hace más rico y añade color y temperatura al asunto.
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