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martes, 8 de diciembre de 2015

Brontës-Beatles. Haworth-Liverpool. Beatriz-Paz. Un viaje a dos (II) Mendips

Mendips
El vestíbulo de Mendips,la casa donde se crío John Lennon


 “Las casas son cosas realmente extrañas. Carecen de características definitorias universales: pueden tener cualquier forma, incorporar virtualmente cualquier tipo de material, ser casi de cualquier tamaño…Pero aun así, dondequiera que vayamos sabemos que son casas y reconocemos la vida hogareña en el momento que las vemos”  Bill Bryson  En casa


Al terminar la visita, justo antes de salir definitivamente de la casa, la guía nos invita a cantar In my life en el vestíbulo de Mendips, la casa donde vivió su infancia y adolescencia John Lennon. Con el recuerdo todavía fresco de la calle Penny Lane (que acabamos de ver viniendo en el autocar del tour) y los campos de fresas (situados tras la  casa) que dieron nombre a la canción Strawberry fields forever, prolongamos la inaudita sensación de localizar en un espacio físico concreto las canciones de los Beatles. Cantamos, con algo de emoción y bastante de desafino, sobre los lugares que siempre recordarían y amarían Lennon y McCartney, apretujadas junto  a unos desconocidos en el diminuto hall con baldosas de tablero de ajedrez. El único lugar que Mimi cedía al larguirucho de su sobrino para que ensayara con Paul, ese amigo suyo tan bien educado que tocaba la guitarra con la mano izquierda.
La guía, Myriam, es una mujer madura, una lady encantadora y entusiasta. Aproximadamente a la mitad de la visita nos confiesa que ella solía frecuentar esa casa cuando era una niña. Junto a sus amigas, llamaban a la puerta y espiaban por la ventana. Formaban parte de ese ejército de fans de los Beatles que tan nerviosa ponía a la tía Mimi. Nunca los vio actuar juntos porque era demasiado pequeña para ir a un concierto (su hermana mayor, en cambio, sí lo hizo), pero más adelante vio a Ringo y a Paul en solitario, nos cuenta con los ojos brillantes. Quién le iba a decir a ella que un día sería la encargada de enseñar, a los turistas que quisieran conocer el entorno doméstico de su adorado John, la casa que Yoko Ono compró y donó a la National Trust. Una casa unifamiliar coqueta y elegante, decorada con detalles de  buen gusto, en la que se percibe la mano y la dedicación de una concienzuda ama de casa. Cuando Myriam nos enseña la bicicleta apoyada en la pared del patio, las vidrieras de estilo art nouveau, las tacitas de porcelana de la salita, los posters de pin ups de la habitación de John, las fotos de cuando era niño ( so cute!) … lo hace con tanto cariño que una piensa que podría tratarse perfectamente de su prima hermana, o su primera novia. Impresiona recorrer los espacios donde se gestó la personalidad de un individuo tan creativo, sobre todo porque se trata de un entorno estructurado y planificado hasta el último detalle. Y es que la casa emana una contundente atmósfera de calma y orden, de solidez y disciplina. Todavía se puede respirar la rectitud y las buenas maneras que la tía Mimi trató de inculcar al sobrino que crió como a un hijo y al que sobrevivió once años. Quizás el tío George, que ejercía de “poli bueno”, fue el contrapunto necesario para que germinase el talento del chico más indómito del barrio. 
El puzle se va armando con pequeños apuntes sobre su biografía, que Myriam dosifica a medida que recorremos las estancias: la temprana separación de sus padres, la decisión de que viviera con el matrimonio de sus tíos, la muerte súbita de su tío George y el atropello mortal que sufrió Julia, la madre de John, frente a Mendips tras una visita para tomar el té con su hermana cuando John tenía dieciocho años.
Los libros leídos, el reportaje sobre Cynthia, el disco blanco al completo, los acordes a la guitarra de Norwegian wood... y el resto de mi adolescencia desfilan por mi mente, atropellándose, mientras Beatriz deja una dedicatoria en el libro de visitas. Cantamos In my life con el fervor con el que se entona un himno, y a continuación nos subimos al minibús para dirigirnos -atravesando calles pespunteadas por árboles que estallan en flores- a la casa de Paul McCartney.
  
                                                                   There are places I'll remember
                                                                            All my life, though some have changed
                                                                            Some forever, not for better
                                                                           Some have gone and some remain
                                                                           All these places have their moments
                                                                           With lovers and friends I still can recall
                                                                           Some are dead and some are living
                                                                           In my life, I've loved them all

                                                                         
                                                                          In my life ( Lennon & McCartney) 

El patio trasero de la casa de la tía Mimi

 Subo este fragmento del viaje que hice con Beatriz Alonso a Liverpool y Haworth el día que se cumplen 35 años de la muerte de John Lennon. 



4 comentarios:

  1. Jo Paz, tenemos telepatía, acabo de subir la crónica a mi blog... besos!!!

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    1. Durante el día me he ido acordando de su casa, y al final he decidido subir la crónica de Mendips, como un homenaje a John...y a nuestro viaje.

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  2. la crónica que se complementa con la tuya

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    1. La tuya está completa, la mía troceada, pero sí que es verdad que aunque estuvimos en el mismo sitio percibimos matices distintos. Diferentes perspectivas sobre lo mismo lo hace más rico y añade color y temperatura al asunto.

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