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martes, 3 de marzo de 2026

Ni de noche ni de día


Porfi, deja la puerta abierta y la luz del pasillo encendida, le digo después del cuento, el beso de esquimal y la oración al ángel de la guarda. Mi abuela lo hace, cree que soy miedoso.

Una vez cerró la puerta y apenas pude dormir por los ronquidos. Se ve que mi ángel es ya mayor y está delicado de los pulmones, como el abu. Por eso se esconde en el armario ropero y usa sus batas y sus zapatillas. Se cree invisible, pero arrastra los pies, escupe y gruñe raro. Cuando voy a casa de los abuelos lo siento cerca de noche y de día. Al principio era amable, pero desde que cumplí ocho años está muy, pero que muy pesado. Últimamente tose mucho y a veces me pide que le haga un huequito en la cama. Esas veces no me deja descansar, ocupa demasiado espacio. Entonces rezo una oración secreta. La abuela siempre dice que hay que tener fe. Pido que me deje solo, que me desampare, que salga de la habitación.

No le cuento nada a la abuela de lo de su ángel. La pobre cree que aún está en forma, que me hace dulce compañía. 

 
                                                              fotografías propias

Este relato ha sido uno de los ganadores en la convocatoria de Esta noche te cuento sobre la fe, aquí se pueden leer los demás relatos seleccionados. Me siento muy feliz de pertenecer a esta familia y haberme colado en el libro anual. Ha debido ser mi ángel de la guarda, que está en todo.