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miércoles, 23 de septiembre de 2020

Strawberry fields forever

 


Le cuenta a su nieta que ella y sus amigas espiaban a John desde los campos de fresas situados tras la casa de la estricta tía Mimi. Algunas eran más de Paul, pero ella supo desde el principio quién de ellos sería inmortal. Le habla de la conducta inexplicable en las adolescentes de Liverpool. Aquella música diáfana conseguía que se olvidaran el hollín y de las ratas del puerto, de sus vidas insulsas y sus habitaciones modestas. Deambulaban sonrientes, como hipnotizadas por un flautista que se ha confundido de cuento, de siglo y de país. Una riada de grititos y minifaldas atravesaba los suburbios. Listas para entrar en trance, para matar por un autógrafo o por un mechón de esas melenas. Por el camino reclutaban a otras chicas aparentemente iguales a ella.

Pero, le puntualiza, lo de esas futuras amas de casa resignadas nunca fue auténtica pasión. Cuando la maldita japonesa cedió la vivienda al National Trust, fue ella la elegida como guía del museo. Cada día les explica todo tal y como lo veía desde detrás de los visillos. Después siempre se queda un rato más, y regresa atravesando los campos de fresas hasta su pareada en Penny Lane


Mi propuesta para  la convocatoria del concurso Esta noche te cuento inspirada en el tema de la música, aquí

jueves, 20 de agosto de 2020

Veneno

Dibujo de Sara Lew, a partir de una foto de Lía



Y yo que pretendía que la naturaleza fuera mi aliada, ese bosque un edén, esta casa un refugio, ese aislarse un alivio. Fue encontrar, un día, la bolsa de basura repleta de gusanos contorsionistas y notar que se abría una pequeña grieta bajo mi pie derecho. Que una manada entera de jabalíes quisiera atravesar la valla hubiera tenido que ser suficiente advertencia (¡esos gruñidos!). El sapo color fango que merodeaba por las noches en el jardín no podía augurar nada bueno. Pero no fui capaz de leer las señales. Y salí a pasear con mis dos perras elegantes e inocentes. Olvidando por un momento los avisos sobre la identidad de la fiera capaz de mayor devastación. La más venenosa. La más absurda. No sabes cuantísimo lo siento, Lía,  por no haber sabido protegerte del animal más peligroso.



sábado, 8 de agosto de 2020

La deriva de los continentes

Fabiola y Nilo 



     Como cualquier otra tarde, es hora de salir. La luz, la orientación del viento que se filtra por la rendija de la ventana, el sonido de los pasos y el tintineo de la correa no engañan. El latigazo del asfalto sobre las almohadillas sustituye al olor a detergente. Acomodar el paso, las esquinas conocidas, el olor de los zapatos, los crujidos de metal y caucho. Y el ansia por llegar al monte. Allí le espera el rastro de las últimas horas, y esa tarea pendiente que ronda como el hambre y el sueño y aparece al entrar en contacto con la tierra.
     Urge descifrar todos los regueros de posibles pistas. La hierba cosquilleará en el hocico y portará información fresca, mensajes labrados en el suelo que sugieren y reclaman. Cubrir las señales con sal diluida y, una vez se ha dejado constancia, seguir dibujando el propio camino. El rastro del jabalí y de la liebre, atrapar ese movimiento al que se dirigen los dientes, al que casi nunca se llega, que da sentido a la búsqueda y da rumbo al movimiento. Porque los animales no viajan. Los animales se mueven. Un resorte interno los impulsa y los desplaza hacia lo más primordial: el calor, el otro, la sangre o el refugio de la cruel intemperie. Misiones que afinan los músculos en una explosión de ataque o de huida, y que, difundiendo desde el centro como una lámina de agua, anteceden al cansancio o a la muerte. Imposible resistirse. No existe el viaje, pero sí el movimiento que sobreviene y salva, como el de los salmones tratando de remontar embalses, las golondrinas que trastocan el Ártico en Antártico, o esas tortugas a quienes no les importa que los continentes hayan derivado y desovan a miles de kilómetros como si pudieran comprimir el espacio.
     Mi perra aún no lo sospecha al salir por el portal, pero desde hoy tiene vetado viajar montada sobre su instinto. No podrá disfrutar de la carrera, del rastreo, del sabor y la textura de ese paisaje esnifado por su trufa. Solamente está permitido dar una vuelta muy corta por el barrio. Yo también anulo mi olfato con este bozal que estoy obligada a llevar. Y ella, con la misma sensación que tendría un humano al que le vendasen los ojos, empieza a sospechar que el mundo ha dejado de ser un lugar interesante en cuanto dobla por segunda vez la misma esquina rebosante de orines.  


Lía

Este es el relato que presento al concurso Zenda Historias de viajes. Dedicado a mis tres galgos viajeros.  




sábado, 1 de agosto de 2020

Carta abierta al sujeto que envenenó a mis perras

ABOMINABLE PSICÓPATA, sé que nunca vas a leer esta carta porque leer no debe ser una de tus habilidades (se te va la energía en matar animales y, claro, no te queda tiempo para esas frusilerías), pero igualmente te la voy a escribir, porque aquí quien importa no eres tú con tu maldad pringosa y tu insignificancia existencial, lo importante ahora es que mi ira no haga daño a nadie, ni siquiera a mí misma. Y como mis armas son las palabras, no los organofosforados prohibidos, pues te voy a organizar una artillería que apunte directamente hacia a ti, con todo mi dolor y mi rabia en orden alfabético, y así aprendes un poquito, anormal (que también empieza por la a).
BASURA CON PATAS, te diré que aunque tu vida no tenga sentido, parte del sentido de la de nuestra familia consiste en convivir con unos animales magníficos conocidos como galgos. A los pobres, como supongo sabrás, los suelen maltratar con mucha aplicación. Los cazadores. Ay, esos seres primitivos y crueles llamados cazadores. Como deberías saber si no hubieses estado cazando tus primeros bichitos en lugar de ir al cole en su momento, primero fueron los cazadores y luego los recolectores, ósea que son realmente primitivos. Volvamos a los galgos. En algunos casos, las protectoras los salvan de un final horrible y los consiguen dar en adopción.
CENUTRIO MATAPERROS, no hacía ninguna falta que rompieras esa costosa cadena de buenas voluntades con tu brutalidad de un momento. Es lo que pasa con las incontinencias. Mira que no poder aguantarte y esa mañana del día 29, con el calor que hacía, ponerte a esparcir pienso que previamente habías untado con veneno, por el bosque. Y hablando de cadenas. Hay otras. Las tróficas, por ejemplo. Y también está el ciclo del agua que hace que tu veneno se percole hacia las aguas subterráneas de las que bebemos los que estamos veraneando en esa zona. Pero, claro, como no estuviste en esa clase. Tú tenías esa idea en la cabeza y siempre has sido tan caprichoso, tan malcriado…También hay otras cadenas, que no me importaría que probases, si se diera el caso.
DESPRECIABLE ENERGÚMENO, te voy a explicar quién era Lía, para que calibres lo que ha significado su pérdida. Para ti, lo sé, sólo el efecto colateral de tu imbecilidad. No, mejor, de tu maldad absurda y cerril.
ESPUTO INFECTADO, Lía era una galga de cuatro años que estaba con nosotros desde hacía un año y medio. Esbelta, atigrada, oscura. Una diosa de ébano con ribetes de oro. Una top model. La protectora la recogió cuando ya no “servía” a su galguero. Y nosotros la elegimos y la fuimos a buscar a 500 kilómetros. Para tenerla con nosotros. Para que hiciera compañía a nuestra galga blanca, Fabiola, que acababa de perder a su compañero negro, Nilo.
FUNCIONARIO DEL MAL, pero qué sabrás tú de los afectos. Y de la empatía. Y de los nombres y las personalidades de los animales. Los galgos que hemos tenido han tenido unos nombres muy interesantes, que han ido cambiando hasta el definitivo. Fabiola se llamaba Orejotas para sus primeros amos cazadores. A Nilo, el galguero le llamaba “Casi Moro” ( una camada de tres, Moro, No Moro y Casi Moro) Ya ves que además de primitivos son muy imaginativos, los cazadores. En la protectora lo rebautizaron como Ramiro. Y a Lía su galguero la inscribió como Jarama, luego fue Rama y finalmente Lía. Para darle un nombre a alguien hay que quererlo. Y de eso no tienen ni idea los psicópatas. Para ti son todo “perros”, supongo.
GILIPUERTAS CON PEDIGRI, pues resulta que Lía además de preciosa, era un encanto. Era una perra que podríamos calificar como zen. Muy relajante. No tenía miedos. No le gustaba especialmente jugar en los pipicans con otros perros. Prefería irse de excursión por la montaña con sus amos. Tendrías que haberla visto correr, era un verdadero espectáculo.
HONORABLE ZOPENCO, además se la podía llevar por la ciudad. Y te esperaba en la puerta cuando entrabas en las tiendas. Ella hacía sus meditaciones, y cuando salía a buscarla se preparaba para seguir.
INCLASIFICABLE SANGUIJUELA, en casa era una auténtica perra de sofá. Mejor dicho, de sillón destartalado. Los sofás los tenía prohibidos. Con unas cuantas sesiones de entrenamiento aprendió dónde sí y donde no. Era muy lista, no como tú, que además de lerdo eres un
JODIDO CRIMINAL O delincuente. No, no, te queda mejor lo de criminal. Por cierto, tengo dos hijos abogados y me dicen que lo que has hecho es un delito contra la salud pública que está penado con cárcel. A ver si hay suerte y se hace justicia. Un poco, claro. Lo justo ya te has encargado tú de destrozarlo de entrada.
KAKA DE LA VACA, pues resulta que habíamos ido a buscar una compañera para Lía. Porque en marzo murió Fabiola muy viejita, con 14 años (tuvo la suerte de no encontrarse en su camino a un engendro segavidas como tú) y nosotros tenemos la experiencia de que los galgos son muy gregarios y están muy bien de dos en dos. Esperamos a la apertura post-confinamiento y nos fuimos a buscar a Gala. El nombre de Gala también tiene su historia. Se llama Galatea, como la de Dalí. Y de apellido Del Manzano. Galatea del Manzano, no te lo pierdas. Menos mal que mentalmente te tengo secuestrado, atado y amordazado. Vas a tener que escuchar esto, ya sé que no te importa una mierda. Pero es importante que escuches los detalles, para calibrar la magnitud de la tragedia que has conseguido que vivamos.
LERDO INTEGRAL, a Gala también la has envenenado. No te bastaba con una. De dos en dos, debiste pensar. Ah, no, que no piensas. Solo haces el mal gratuitamente.
MALDITO COBARDE, una cosa es ser cazador, que ya es un espanto incomprensible. Pero otra cosa es no dar una oportunidad de escapar a la presa. Ni siquiera te enfrentas a ella. Eso está muuuy feo. Mucho. Una muerte en diferido te debió parecer algo que hacen los valientes, así funciona el jugo cerebral de los narcisistas autocomplacientes.
NOTABLE ASESINO, Lía no ha muerto. La has matado tú. Y por algún milagro tenemos a Gala viva. Por cierto, se estaban adaptando muy bien. Ya jugaban juntas, después de unos días de encaje en la escala jerárquica. Ya sabían cuál era su escalafón.
ODIOSO EXTERMINADOR, aunque supongo que te hubiera dado igual matarlas a ellas que a ese zorrito que veo de vez en cuando por el bosque. También se oyen jabalíes por las noches. Lía les ladraba cuando se trasladaban por delante del chalet. Y hay muchas ardillas. Pero tú no discriminas. Todo te parece igual. Todo te importa un carajo.
PILTRAFA HUMANA, no sé que estarás haciendo a estas horas. A que dedicas el tiempo libre. Yo te pondría delante de un ser al que le tengas un poco de afecto ( aunque sé que es pedir peras al olmo, no creo que tengas amigos o hijos) y que fueras testigo de los síntomas de un envenenamiento ( sigues atado, no te puedes escapar aún). Te adelanto que es un espectáculo muy duro. Los ojos desorbitados, la espuma a raudales, las convulsiones. El cerebro tiembla ( literalmente) y las extremidades también. Y luego se quedan rígidas. Y luego no se puede respirar. Pero no es instantáneo. No. Te puedes estar una media hora o más así. La lengua morada es el indicador de que la cosa ya empieza a no ser reversible.
QUERIDA SABANDIJA, ahora imagina que estás lejos del coche. Lejos del médico. Lejos de ti mismo. Que te ves como desde arriba. Que no atinas con los números del móvil. Que no sabes qué hacer. Que tu ser querido pesa casi treinta quilos (como una niña, ¿tienes hijos?) y no puedes moverlo. Y tienes a otro ser querido cerca. Que empieza a temblar también.
REVIENTAVIDAS SIN FRONTERAS, ojalá no lo tengas que ver, pero quería que lo leyeras ( Ah, que no sabes). Te has cargado una vida, una historia en común. Lía era una perra joven, sana y feliz. Le quedaban muchos años más de felicidad. Y no voy a poder olvidar en mi puta vida la mirada de desamparo cuando se desplomó. Era como si me dijera: ¿Qué me está pasando? ¿no me puedes salvar?
SERIAL KILLER, las pelis de terror que más miedo me dan son las que salen perros o niños como víctimas. No puedo acabar de verlas. Es superior a mí. Uno de los muchísimos mensajes de cariño (¿que es eso?) que he recibido me decía algo así como que no se puede metabolizar el asesinato de la inocencia. En los evangelios se habla de atar una rueda de molino al cuello de quien escandalice a un inocente.
TARADO NIVEL PREMIUM, no sé quien eres, pero en algún momento de tu vida tendrás que pagar por esto.
VERDUGO A DISTANCIA, has conseguido convertir un paraíso en un infierno.
WATER SIN CISTERNA, estás lleno de mierda.
XENÓFOBO UNIVERSAL, todo está conectado ¿lo sabías? Deberías saberlo. Alguna ramificación de las relaciones de este ecosistema que llamamos vida te devolverá lo que has hecho como un boomerang.
ZOPENCO FEDERADO, has conseguido que aprenda un montón de adjetivos nuevos. Me he “divertido” insultándote con finura. Y he conseguido devolverte toda la rabia que alojaba en mi alma como un quiste putrefacto. Toda para ti. Ahora vamos a por la pena.




viernes, 26 de junio de 2020

Como un bendito


Fotografía tomada en una exposición de Louise Bourgeois, en el MOMA de Nueva York 


Consigo escapar por los pelos de las garras de un tremendo Dientes de sable. Empapada en un sudor helado recupero el aliento, y ya fuera de su alcance me ajusto los tapones de los oídos.
Resignada, imagino a qué otras pesadillas podrían incorporar esos malditos ronquidos: ¿Otro depredador menos pretencioso?, ¿Una avalancha?, ¿Un maremoto? Intento deslizarme de nuevo hacia la inconsciencia, pero unas puertas giratorias me devuelven a la habitación.
Desde mi lado de la cama veo cómo se balancea, suspendida en el centro del techo, una inquietante araña albina. Debería haber limpiado la casa más a fondo, me digo. Noto cómo se tensan los hilos que nos sostienen. La cama se desliza hacia el vórtice de una espiral en cuyo centro nos espera ella, simétrica y risueña.
Incapaz de hacer nada, sólo me queda contemplar la escena que se refleja −distorsionada y creciente− en cada uno de sus ocho ojos frontales. Yo, aferrada a la almohada con la desesperación de un náufrago insomne. Mi marido, recuperándose de su día agotador de teletrabajo y emitiendo por su boca abierta otro patético rugido de viejo león.


Este microrrelato ha sido seleccionado para la antología Brevirus, de la revista argentina Brevilla. En este link se puede descargar esta antología internacional con los textos de 278 escritores de 22 países. Muy agradecida por estar aquí.
Portada de Sergio Astorga para la antología de Brevirus


viernes, 19 de junio de 2020

Angie en la era Instagram


Eléctricos, líquidos, sedosos y punzantes, así son sus besos recién estrenados. Los dos adolescentes exprimen el jugo de sus bocas como quien sorbe la pulpa de una fruta tropical. Esa cualidad acuática ejerce una presión de grifo recién abierto sobre el resto de sus cuerpos, que ahora se reducen a ser desesperadamente labios, lengua y dedos de las manos. Una gigantesca boca de los Rolling Stones, la pared de una presa tras las lluvias torrenciales. La detonación de una supernova en una esquina del patio.
Al salir del instituto se van a la casa sin padres: la de ella. Hoy se atreverán a dar un paso más. Dejan las cosas en la mesa del comedor. El móvil de él en silencio, pero a la vista, apoyado en su mochila. La chica enciende las cuatro velitas y pone el viejo LP, sin saber que la canción favorita de sus padres será ya para siempre su canción. Todo listo para la experiencia. Se encuentran en el lugar del abrazo. Ella se pone de puntillas, eleva ligeramente los hombros y sostiene la cara de él para que el beso sea más profundo, la distancia más corta, la pasión más vistosa. El mecanismo se dispara. Se separan un momento. Miran hacia el escritorio, cómplices, y sonríen. Se esnifan el pelo y continúan indagando en ese viaje al origen del universo, a las fuentes del Nilo, a la milagrosa cara de Mick Jagger. Luego ya subirán la foto a sus cuentas de Instagram.



sábado, 13 de junio de 2020

Infierno grande




Para el bautizo de su niña encargó cuarenta imanes con una fotografía del bebé saliendo de un cogollito color crema. Los repartió entre sus familiares y los que vinieron desde lejos de la parte de su marido a la celebración. Una fiesta interminable que montó a regañadientes en una finca alquilada.  Pero su suegra, tras el segundo día de fastos familiares, le dijo que le parecían pocos.  Ella regresaría a su casa y tenía compromisos. Necesitaba más imanes: para todos los vecinos, para sus amigas de las meriendas de los jueves, para los feligreses de su parroquia. Y para unos primos lejanos que no habían podido venir al festejo. A la mamá de la criatura le horrorizó la idea de en el vecindario de su suegra las puertas de todas las neveras lucieran a su niña junto a una imagen de la torre Eiffel. O todavía peor: diluida en una masa indistinguible de niños bautizados en ese pueblo de mala muerte en el que todos tienen que estar en la casa de todos y de cualquier cosa se tiene hacer una competición.  Se negó, desafiante, aún a riesgo de que lo siguiente a celebrar fuera su divorcio.


Con este microrrelato he participado  en la actual convocatoria de Esta noche te cuento  dedicado al tema de la fotografía. En realidad quería escribir un cuento a partir de la frase "Pueblo chico, infierno grande".