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domingo, 1 de diciembre de 2019

Reseñas de Jardinería de interior



Rubén Castillo Gallego, en su  blog de reseñas literarias Librario íntimo hace (noviembre 2019) una lectura muy generosa de mi libro, que empieza así:

"Una de las mayores virtudes de los libros de microrrelatos es la diversidad de sus propuestas, el hecho fascinante de que en un solo volumen burbujeen y brillen docenas de argumentos y soluciones narrativas distintas. O, dicho de una manera gastronómica, quelos lectores seamos invitados a un menú degustación en el que los platos nos llenan de colores, formas, olores, sabores y sonidos de la más variada condición. Paz Monserrat Revillo nos propone en las páginas de Jardinería de interior (Enkuadres, 2019) un festín majestuoso y saciante, en el que las sorpresas se van sucediendo sin que nuestro asombro baje nunca de la meseta de calidad que su mano imprime a los textos" (...)( continuar,  en el blog de Rubén)





Francisco Rodríguez Criado, en su blog "Modelnos" escribió, en Julio del 2019,  sus impresiones acerca de mis microrrelatos en una reseña titulada Defensa apasionada de la jardinería de interior...y de los microrrelatos , de la que extraigo un fragmento:

"A todos aquellos lectores que aún mantengan cierta resistencia a este género (y por supuesto a los que hace tiempo se rindieron a él), les recomiendo Jardinería de interior, de Paz Monserrat Revillo, publicado recientemente por la editorial Enkuadres, en su colección Microsaurio, con prólogo de Antonio Báez.
Monserrat Revillo demuestra en este manual de jardinería, compuesto por casi un centenar de microrrelatos, cuentos ultrabreves, minificciones, historias muy cortas, ponedle el nombre que queráis, que a veces la alta literatura se encuentra en la pequeña literatura, de igual manera que, como nos enseñó «El Aleph» de Borges, todo el universo reside en un pequeño sótano." ( aquí completo) 






La reseña de Raúl Ariza, escrita para la revista Quimera en el ejemplar de noviembre de 2019, titulada Pura vida, está entera en esta otra entrada de mi blog. Copio a continuación el primer párrafo

"La microficción nació en literatura con un objetivo –que en realidad son muchos dentro de uno solo– que es mayúsculo y, además, aparentemente inasumible para un género de extensión tan pulgarcita. Esa titánica razón no es otra que conseguir la hazaña filosófica de relatar el presente, constituir el gran catálogo de nuestras miserias cotidianas, retratar la razón de nuestra vulnerabilidad, e indexar, por supuesto, el inventario de los vicios más ocultos que corroen los pilares de nuestra mortal existencia. Es decir, en resumen, nació para explicar la vida, algo que, por increíble que parezca, algunos libros de microrrelatos –los menos, eso sí– acaban consiguiéndolo. Jardinería de interior (Paz Monserrat, 1962) es uno de estos pocos."







Elena Casero es una fiera. Una devoradora de libros. Un ejemplar único entre los depredadores,que tras devorar a su presa la regurguita enterita después de una digestión limpia y sin huesos ni sangre. Al poco de salir el libro ( en julio) ya se había tragado mi jardín y escribía sus impresiones en su estupendo blog.

"Como dice el escritor Antonio Báez en el prólogo de Jardinería de Interior, Paz Monserrat demuestra un dominio absoluto de la sencillez y la naturalidad para llevarnos a los mundos imposibles.
Leyendo los microrrelatos de Jardinería de interior, te percatas de lo aferrados que estamos a lo terrenal, a lo que consideramos tangible y huimos o no somos capaces de ver lo distinto, lo que está o se manifiesta, por ejemplo, en la mampara de una ducha o en el fondo de un bolso.
Quizás, y de eso sabe mucho Paz, por efecto de la genética  o de la tontuna, perdemos esa habilidad conforme dejamos la niñez atrás y ya no tenemos espacio en nuestra mente para la imaginación, para la observación fuera de lo que la mirada te impone.
Para ayudarnos a ver lo invisible, Paz se vale de la genética o la botánica. O de la vida de un instituto a través de profesores o alumnos. De la niñez perdida y encontrada por azar"( En su blog Elena continua y copia tres micros) 




Muchas gracias a los cuatro, que habéis leido mi libro con tanta generosidad y os habéis molestado en escribir vuestras impresiones para otros lectores. 

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Simposio sobre la VIDA

Planetas extrasolares candidatos a alojar vida

Características, biomoléculas, origen, escenarios, posibilidad de vida extraterrestre. Los congresistas van haciendo sus ponencias y el público aprende, aplaude y evalúa. Todo muy serio y bien documentado. Nervios, chuletas y prezzis desfilan en orden marcial. Hasta que los astrobiólogos pasan una diapositiva que se titula: planetas extraescolares.  Entonces empieza la auténtica vidilla. Una explosión de vida con todos los requisitos y metabolismos. Una recreación de los orígenes, con sus membranas, sus flujos de materia y energía, sus cadenas tróficas: la vida misma. 
Y la privilegiada posibilidad de ser estudiada en directo por los sesudos científicos adolescentes del congreso.


viernes, 15 de noviembre de 2019

Pura vida


"La microficción nació en literatura con un objetivo –que en realidad son muchos dentro de uno solo– que es mayúsculo y, además, aparentemente inasumible para un género de extensión tan pulgarcita. Esa titánica razón no es otra que conseguir la hazaña filosófica de relatar el presente, constituir el gran catálogo de nuestras miserias cotidianas, retratar la razón de nuestra vulnerabilidad, e indexar, por supuesto, el inventario de los vicios más ocultos que corroen los pilares de nuestra mortal existencia. Es decir, en resumen, nació para explicar la vida, algo que, por increíble que parezca, algunos libros de microrrelatos –los menos, eso sí– acaban consiguiéndolo. Jardinería de interior (Paz Monserrat, 1962) es uno de estos pocos.

Porque como ya he insinuado, lo que al instante resalta en la escritura que Paz derrocha en este libro es su vitalidad Pues es todo vida. Un vergel literario, se diría. Y no me refiero solo a la vida de la propia autora, que sin duda asoma casi obscena entre el follaje de sus páginas, en su sensual poesía o en su delicado lirismo. Ni tan solo a la intrínseca vida de cada uno de los relatos que componen esta grata colección, que exuda implícita de estos cuentos bulliciosos, palpitantes, amargos, dulces o especiados que la autora ha elaborado con una precisión y una técnica, que por momentos destacan tan minuciosas y académicas, como a la vez llenas de latido y de frescura. Me estoy refiriendo incluso a la vida de los que lo lean, una vida que, por mucho que algunos se empeñen en impedirlo cuando aborden su eventual crudeza, su puntual pesadumbre o su esporádica aflicción, se positivará de forma inevitable en reveladores daguerrotipos con cada párrafo.

Porque en esta enorme colección de elementos tan vigorosos que es el magnífico libro de Paz Monserrat, cabe todo. La vida misma, dije solo hace un rato que cabía. Cabe, entre otras particularidades, la imposibilidad de vivir de forma apacible en esta sociedad moderna que nos empuja hacia la trasgresión como forma de trascendencia. Caben, también, el paradigma del aislamiento, la enajenación y la falta de identidad del hombre contemporáneo, de los sentimientos y las relaciones ambivalentes. Y cabe incluso, si me apuran, todo eso que quisimos ser, en plena y flagrante confrontación con lo poco que en realidad hemos alcanzado a ser.

La autora pone la atención, el punto de luz –cuánta luz emana de estos noventa y tres títulos– sobre los detalles, o, mejor, sobre los átomos en los que descompone la vivacidad de este libro, porque quizá por su condición de bióloga siempre ha sabido que solo a través de ellos es posible explicar el mundo entero. Así, partiendo de estos, cuando leamos los relatos de Jardinería de interior aparecerá ante nosotros todo un mundo no escrito, pero sugerido. Al sumergirnos en él, daremos por supuesta una vida interior de sus personajes que, la mayoría de las veces, ni ellos mismos alcanzan a atisbar. Porque al obligarnos a acompañar a esos atribulados protagonistas en las historias marginales y domésticas, imposibles y cercanas, fantásticas y prosaicas que conforman su irrepetible universo, la autora hará que seamos nosotros los que acabemos confiriéndoles a esos seres una apabullante existencia que, irremediablemente, desbordará a borbotones las páginas de sus cuentos. Nos obligará a que seamos nosotros los que nos sintamos vivos"

Raúl Ariza






Esta es la reseña que Raúl Ariza ha escrito sobre mi Jardinería de interior para el número de noviembre de la revista Quimera. Estoy feliz y muy agradecida tanto a Raúl como a los editores.




martes, 24 de septiembre de 2019

Las mil y una


Apollinari Mikhailovich Vasnetsov

Primero construyó el castillo. Consiguió que las estancias alrededor del foso fueran tan frías y húmedas como los oscuros calabozos de los cuentos con dragón.
Después se acercó a la orilla e imaginó una tormenta de olas rizadas y nerviosas que anegaban la fortaleza, mientras sus pasos de gigante hacían temblar toda la playa.
¡Cómo le fastidió aquella inoportuna interrupción justo cuando se disponía a dispersar a manotazos a unos cachalotes que jugueteaban con destellos de charol alrededor de sus pies!
Regresó al castillo. Recogió las herramientas. Sacudió su toalla verde turquesa. Miro a su alrededor y, en lugar de doblarla y meterla en la bolsa, la desplegó un momento sobre la arena. Entonces se subió a ella con todo su séquito: las personas a la derecha, los espíritus a la izquierda.
El futuro escritor de microrrelatos pensó que le sobraba tiempo para volar hasta Damasco y regresar antes de que su madre consiguiera desatascar el mecanismo de cierre de la sombrilla.
Le sobraba tiempo, sí. Y también le sobraba imaginación y pericia. Habilidades que necesitaría cuando, de mayor, lo escribiera tratando a toda costa de que no le sobrase ni una sola palabra de las requeridas por el concurso.


Este microrrelato participó ( sin suerte) en el concurso Las toallas son para el verano. Los requisitos eran que saliera la palabra toalla, verano, y que tuviera como máximo 200 palabras. 


miércoles, 18 de septiembre de 2019

Perspectivas sobre un puente




Nunca se puede estar seguro de cuál es la verdadera función de una obra de ingeniería. Ocurre con el puente Gálata, que cruza la entrada del cuerno de Oro, en Estambul.
Para los turistas es una manera de asomarse al abismo de un mar que se bifurca. Para los trabajadores de la otra orilla ─cualquiera que sea ésta─ el camino de vuelta a casa.
Los pescadores cetrinos que, apoyados en la baranda aguardan con indolencia la tensión de la caña, lo consideran un estado del alma.
Para los camareros que trabajan en los barcos−restaurante anclados en la orilla es una sombra sobre las aguas tornasoladas recién llegadas del Bósforo.
Si queremos profundizar en el asunto, tendremos que tomar una perspectiva más atrevida, entrar en un medio más denso. Hay que sumergirse en esas aguas de plomo y tratar de imaginar el puente desde abajo, visto con los ojos gelatinosos de un pez.
 El agua se desliza por entre las hendiduras de las escamas y provoca ligeras turbulencias que impulsan y sostienen. A contraluz del arco iris de aceite se recorta una línea de pequeños espejos metálicos que seducen y atraen como imanes.
La trayectoria se desvía hacia la luz y se dirige hacia esos garfios metálicos de los que penden trozos de carne que serpentea. En el efímero instante en el que el arpón atraviesa el paladar, justo antes de que el estallido del aire golpee las branquias ─y el pez se convierta en pescado─ se descubre que el puente Gálata no es más que la entrada a una trampa mortal. 
Como ocurre muchas veces, el conocimiento llega un segundo después de la necesidad.


Un segundo relato enviado a Zenda-viajes sostenibles.