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viernes, 19 de julio de 2019

El trazado de una circunferencia




Hace dos mil años las historias y los relatos trataban de dioses. Luego de héroes, más tarde de reyes, y poco a poco se empezó a considerar digno poner en el escenario a personas más corrientes. En la actualidad cuanto más se parezca el personaje a tu vecino, mejor. Lo curioso es que algunas de estas personas dignas de ser descritas en un apunte contemporáneo por parecer vulgares si se las mira de cerca tienen rasgos heroicos, generosidades regias, y a veces en su presencia sentimos esa solemne reverencia que antes se reservaba sólo a los dioses.
Como ocurre ante ese anciano que  −aunque no lo parezca está trazando el último fragmento de la circunferencia que cerrará y dará sentido a su vida. Hace de guía en el Museo Judío anejo a la Gran Sinagoga de Budapest. Le siguen una comitiva de cinco turistas norteamericanos. Trato de acompasar disimuladamente mi recorrido al del grupo para escuchar sus explicaciones.
Enseguida me doy cuenta de que su inglés tiene un acento ilocalizable, su barba rala emana un aroma a antiguo, el traje negro tiene un brillo gastado y el kipha que cubre su cabeza le da una autoridad sagrada y melancólica. Su figura se recorta en negro sobre el fondo colorido y anacrónico de camisas, bermudas y sandalias del grupo de yanquis, que escuchan atentos.
Se detiene ante cada una de las fotografías que cubren los murales y las describe como si en ello le fuera la vida. La fotografía cobra vida dibujada con todos los detalles que recrea el hombre ceremoniosamente. Historias que no caben en las palabras. Fotografías en blanco y negro que sobrecogen mostrando el asfixiante aislamiento al que fue sometido el gueto de Budapest durante el nazismo, pero también las represalias posteriores de los aliados. Mapas de la ciudad creciendo como una ameba que preceden a ruinas prematuras. Caras, gestos, paisajes devastados. Tristeza y desesperación condensadas en la pared y en la mirada de los que por ahí pasan.
Una pequeña luz alivia este doliente paisaje fotográfico: una serie de marcos con rostros inocuos y en actitud apacible desentonan en ese lugar como lo haría un esmoquin en un campo de batalla. Son las fotografías de los cónsules y diplomáticos de diferentes países que consiguieron salvar a muchos judíos antes de que el hambre y las enfermedades acabaran con casi toda la población judía de Budapest tras el asedio. El anciano se acerca a una de las fotografías y pronuncia lentamente, como si rezara, el nombre del cónsul suizo. El que con sus artimañas diplomáticas consiguió sacar a tiempo del gueto a muchas familias con niños hacia Suiza y darles allí una oportunidad.
Es entonces cuando uno cae en la cuenta de que el acento es francés.
Y de que uno de esos niños era él.

Sinagoga de Budapest






                                                                    Budapest Klezmer band 

             


viernes, 12 de julio de 2019

La odisea de recordar a por lo que fuimos a la despensa ( Prólogo de Antonio Báez)


Un relato es lo referido. Un microrrelato es un pequeño referido.  Estimados lectores, les doy la bienvenida. Estimados lectores de Paz Monserrat Revillo. Un prólogo, ya es sabido, existe siempre desde la duda de por qué existe. Los galgos son elegantes y sociables, los galgos son aristocráticos signos ortográficos de la vida perra. Ante el hecho absolutamente anómalo de lo referido la autora de estos microrrelatos demuestra un dominio magistral de la sencillez y la naturalidad para la descripción de mundos complejos, paradójicos, surrealistas, imposibles. Una mano se adentra en un bolso y halla los fondos del océano. Entre los vapores de la ducha y  tras el cristal de la mampara el mundo, todavía sin enfocar, es un territorio mitológico. ¿Qué sé yo de Paz? Sé que es profesora de ciencias y sé que el contacto continuo con los chavales te mantiene alerta y despierto, despierta a ella. Hace unos meses leí su anterior libro de referidos, de relatos, titulado Hormonautas, así que sé de su buen hacer narrativo y de su mirada desprejuiciada y novedosa; en Hormonautas Paz unía literatura y su poquito de pedagogía científica.  Sé que a Paz le gustan los galgos, aunque no sé si para ella también son signos ortográficos, y la vida familiar, y sé que el contacto con otros mamíferos te ayuda a enfocar, a poner perspectiva.  Jardinería de interior nos hace el referido, o los muchos pequeños referidos,  de  la vida doméstica, familiar,  profundamente mamífera de sus lectores. Búsquense ahí dentro, en cada texto, algunos en la dedicatoria personal, los demás donde el espejo de alguna memoria, de algún sueño, de cierta delicadeza, de un silencio, de bastantes anomalías. Los lectores somos seres raros, ambiguos, los lectores en los tiempos que corren andamos de la mano de la delincuencia, menor, pero delincuencia al fin y al cabo. Un libro, y más un libro físico, puede ser muchas más cosas que un libro, he ahí su grandeza. Un paciente en un hospital se puede sentir un pez encerrado en un acuario y a su salida un pájaro en libertad. La sencillez de la metáfora tiene su eficacia en la retórica del texto. Un oftalmólogo de gatos, un idilio con un maniquí, la zoología y la botánica para mostrar comportamientos y actitudes que nos explican, el pluscuamperfecto de subjuntivo para desentrañar los azares y casualidades de los que somos fruto, alumnos de instituto, profesores con pesadillas que los devuelven a sus pesadillas como alumnos: la vida en referidos cortos, breves, microrrelatos. Un libro de microrrelatos tiene utilidades varias, entre ellas apuntala la lectura de los que no tienen mucho tiempo para leer; habría que inventar, si no están inventados, calendarios con un microrrelato para cada día. Un libro, ya sea de microrrelatos o de otra cosa, puede sostener la pata de una mesa o de una silla que cojea. Un libro puede ser también un dardo lanzado al aire que atraviesa el aire y surca el aire hasta salir al espacio. Si hay vida en otros planetas el libro de Paz sería un muestrario de cómo es la vida de interior, donde la aventura del viaje está en llegar a la despensa con la memoria de todo lo que fuimos a buscar. Disfruten de Paz, de la jardinería interior y de ustedes mismos, de su delincuencia lectora, de esa pasión ambigua por leer pequeños referidos. Y si alguna vez les hace falta, usen un libro para equilibrar un mueble, la misión será noble, una mujer, un hombre han de tomarse la sopa seguros y firmes, como Odiseo atado al mástil para oír el dulce canto de las sirenas.

Prólogo de Antonio Báez a Jardinería de interior. ¡Gracias!