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domingo, 18 de julio de 2021

Imperdonable

 


                                                                                                                    Dedicado a Mónica Brasca


La adolescente se desdobla y cuenta lo que ha hecho ese día, qué amiga la ha decepcionado, cómo le va en el nuevo insti, cuánto odia a su madre, sus desaforados amores de verano… Todo lo que bulle ahí adentro está desnudo, crudo, sin piel. Ella deja constancia, con sus encantadoras faltas de ortografía, de cada detalle, de cada sentimiento, de cada fiesta, de cada ligue. En un momento de reflexión, en medio de esas emociones que suben y bajan por la montaña rusa de sus días, escribe: “Si alguien leyera este diario pensaría que soy gilipollas”.

Y ahí entro yo, la encargada de juzgarla. La interlocutora que cerrará, treinta años después, ese acto de comunicación. El elemento clave que faltaba:  Emisor-mensaje…y receptor. Aquí estoy yo, cometiendo el imperdonable y delicioso delito de mirar. Algo avergonzada, pero sin poder parar de leer el diario de una adolescente que ya no existe.  Que se transformó en una mujer a la que veré por primera vez dentro de una hora. Cuando devuelva las llaves a la propietaria de esta casa de intercambio vacacional.  Y, la verdad, no sé cómo voy a poder mirarle a la cara ahora que la conozco mejor que su propia madre.


miércoles, 26 de mayo de 2021

Juegos de niñas

 



Un día, después del recreo, no la vimos más.

Cuatro décadas después, cada vez que nos juntamos, mis compañeras proponen jugar a imaginarle vidas. Como si no pudieran soportar que, mientras ellas acumulan decepciones y kilos, Violeta siga siendo aquella niña flacucha e indomable.

Una opina que saltó el muro del patio y se fue con los feriantes. Otra recuerda que era adoptada, y describe un emotivo rapto por parte de su madre verdadera. La más novelera dice haber reconocido su mirada desafiante en una actriz muy conocida.

Una simple mudanza, enfermedades, adicciones… distintas versiones que van hilvanando su destino sin nosotras. Historias manejables, cortadas a la medida de nuestro aburrimiento.

A veces se conforman con una existencia vulgar, lejos del pueblo. Yo aparento seguirles la corriente. Alterno escenarios realistas con otros más bohemios.

Un día lo haré, pero aún soy incapaz de contar lo que ocurrió aquella mañana. El desafío. Mi culpa por gritarle, mientras me tapaba los ojos para contar hasta veinte, que la iba a pillar enseguida. Mi asombro al comprobar su inusitada destreza jugando al escondite.

Y ese buscar desesperado, insomne, atroz… que todavía continúa. 



Esta es mi propuesta para la convocatoria de Esta noche te cuento sobre "la sorpresa y el asombro" Aquí para leerlo en la página del concurso.

PD: Ha sido seleccionado y se va para el librito de ENTC. Me hace mucha ilusión. 

sábado, 13 de junio de 2020

Infierno grande




Para el bautizo de su niña encargó cuarenta imanes con una fotografía del bebé saliendo de un cogollito color crema. Los repartió entre sus familiares y los que vinieron desde lejos de la parte de su marido a la celebración. Una fiesta interminable que montó a regañadientes en una finca alquilada.  Pero su suegra, tras el segundo día de fastos familiares, le dijo que le parecían pocos.  Ella regresaría a su casa y tenía compromisos. Necesitaba más imanes: para todos los vecinos, para sus amigas de las meriendas de los jueves, para los feligreses de su parroquia. Y para unos primos lejanos que no habían podido venir al festejo. A la mamá de la criatura le horrorizó la idea de en el vecindario de su suegra las puertas de todas las neveras lucieran a su niña junto a una imagen de la torre Eiffel. O todavía peor: diluida en una masa indistinguible de niños bautizados en ese pueblo de mala muerte en el que todos tienen que estar en la casa de todos y de cualquier cosa se tiene hacer una competición.  Se negó, desafiante, aún a riesgo de que lo siguiente a celebrar fuera su divorcio.


Con este microrrelato he participado  en la actual convocatoria de Esta noche te cuento  dedicado al tema de la fotografía. En realidad quería escribir un cuento a partir de la frase "Pueblo chico, infierno grande".

lunes, 31 de diciembre de 2018

Asistencia médica privada





Lo primero que se preguntó al sentirse golpeada por su halitosis fue cuánto tiempo haría que no era besado por una hembra. Entonces, retirando el torno de su muela, se quitó la bata blanca y besó al fauno inaugurando así una Era.



viernes, 4 de enero de 2013

Secuestro




Diez años después de su muerte, el rabino Samuel Krakelnik decidió darse un paseo por algunas de las ciudades a las que había deseado viajar en vida.
Eligió las diez primeras de una lista que confeccionó cuando, en sus últimos años, ya inválido de cuerpo pero con la mente alerta, se dedicaba a escribir listas de objetos y de deseos.
Las primeras nueve ciudades las disfrutó como si aun poseyera todos sus sentidos.
La décima ciudad era Venecia.
El olor a humedad y a salitre, la bruma que el  Adriático exudaba en las madrugadas, y el óxido verde que cubría los embarcaderos, le disuadieron de prolongar su estancia allí por mucho tiempo. Ya se sabe que el agua, en todas sus manifestaciones, es un elemento muy  corrosivo  para la materia coagulada de la que están hechos los espíritus.
Cuando, tras dos días de visita, el rabino Krakelnik se disponía a regresar al cementerio de Praga, quiso dar un último vuelo a la misma altura que las  gaviotas para retener la visión del laberinto más complejo que había contemplado en su larga vida de estudioso de la cábala.
Eran las doce del mediodía de un domingo. Samuel Krakelnik se elevó sobre el Gran Canal. Las campanas de  Venecia empezaron a repicar todas a la vez, componiendo una figura geométrica de sonidos equidistantes.
 El  dibujo obsesivo formado por los ecos de esa música  enredó los hilos del cuerpo indeciso y húmedo del rabino, que se quedó oscilando entre las cúpulas de campanarios cristianos mientras la pequeña sinagoga de Venecia contemplaba impotente semejante secuestro.