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miércoles, 30 de enero de 2013

La ontogenia recapitula la filogenia



En un principio fue un pez gravitando en un océano amniótico. Después se tapiaron sus hendiduras branquiales y le crecieron unos muñones traslúcidos con los que pataleaba tratando de apoyarse en la esfera que lo contenía. Los pulmones y las escamas que desarrolló más adelante le dieron un aplomo que nunca antes había experimentado.
Casi al final del trayecto unas plumas regurgitadas por su boca de carnívoro le remitieron al ave que llevaba dentro. Por fin nació en forma de sorprendido homínido rebosante de mucosidades, ante la mirada curiosa de sus papás.
Creció con todos los atributos de los mamíferos: pelo, labios chupadores y una insistente necesidad del calor de la manada. Al final de la adolescencia sintió la urgencia de volar en parapente para poner a prueba sus hormonas. Durante su madurez se curtió a base de arrastrarse de un trabajo poco digno a otro. Ya en la vejez mudó de piel y sus duras escamas protectoras dejaron al descubierto la piel transparente y delicada de un anfibio. Murió boqueando como pez fuera del agua. 

domingo, 27 de enero de 2013

El método científico





La directora de comunicación y divulgación de la fundación privada que convoca las conferencias ha estudiado, con toda seguridad, en las mejores escuelas de dirección de empresas. Su discurso de presentación supura una mezcla equitativa de adrenalina, entusiasmo y crispación que te deja en un estado de alerta ante no se sabe qué peligro. Es joven y rubia, pero el tono de su voz y la tensión de su mandíbula indican que ha pasado por más competiciones que la mayoría de chicas de su generación. Y las ha superado todas, hasta el momento.
Presenta a los conferenciantes(disculpa al representante de la administración que todavía no ha llegado)  y también nos explica quienes somos nosotros. Como hemos tenido que inscribirnos previamente  saben la procedencia profesional de los que hemos acudido como público. Ella habla del "target" al que va destinada la información: divulgadores, directivos, maestros de primaria, y sobre todo “maestros” de secundaria, nos dice. Los profesores de secundaria de repente nos reconocemos porque nos miramos unos a otros de reojo.
Plantea la importancia de que al final nos reunamos en grupos heterogéneos para poner en común ideas que puedan servir a la fundación para tomar el pulso de los diferentes colectivos sobre el tema de cómo incorporar el  método científico en la enseñanza.
El orden de los ponentes es el que sigue: primero hablará el profesor (“maestro”) de secundaria en activo. Después la pedagoga y a continuación el responsable político de innovación y formación. Parece una secuencia lógica: inversamente proporcional al contacto con la realidad.
Y en efecto , así resulta ser: el profesor nos explica, de manera muy esquemática y como quitándose importancia, las razones que aducen los alumnos para explicar su desinterés por la ciencia, qué estrategias podemos usar para contrarrestar estos lastres que detectan los alumnos y cómo podemos convencerlos de manera práctica  de lo importante que es su alfabetización científica en su vida presente y futura de ciudadanos; la pedagoga habla de las resistencias que impiden implementar un método basado en el conocimiento científico en los centros, de la importancia de vincular a toda la comunidad educativa, y de las estrategias de actuación y liderazgo , algunas de ellas- si hacemos caso de las miradas que sobrevuelan la sala del grupo mayoritario del target - un tanto utópicas.
El político merece un punto y aparte. A pesar de que se le presenta como alguien que ha pasado parte de su vida profesional en la educación primaria y secundaria , como si se tratara de subir los peldaños de una escalera que lleva a la estratosfera, su discurso invita , desde el primer momento , a la desconexión. Parece como si se le hubiera olvidado su pasado en las aulas. Habla de la importancia de la formación en ciencia, tecnología y matemáticas. De lo importante que es nuestra labor en las aulas, aunque ahora mismo no se nos puedan dedicar muchos recursos. También dice algo así como que en nuestro trabajo nos “vaciamos” de energías y conocimientos y por lo tanto necesitamos una formación permanente que nos vuelva a “llenar”. No lleva un power point , solo una diapositiva con la web del Departamento , que no se abre en donde están los recursos de los que habla. No concreta ninguna actuación. Usa muchas palabras para decir pocos conceptos, las apura y les da la vuelta en su paladar como si se tratara de caramelos. Se deleita escuchándolas. No está demasiado preocupado por sintetizar para no abusar de nuestro tiempo y atención como lo estaba el primer conferenciante.
 No se hace preguntas, no se plantea hipótesis, no tiene en cuenta las variables con las que trabaja. Y por supuesto no llega a ninguna conclusión. Pero nosotros tenemos que ser capaces de transmitir el método científico en el aula de manera innovadora. Él nos explicará la manera  de hacerlo y nos gestionará los recursos.

viernes, 25 de enero de 2013

Cómo ponerse unas medias



En un burdel de París 



Mientras esa mujer siga, frente a Monsieur Lautrec, deslizando la media negra en su interminable ascenso con la misma calma y precisión con la que se ajustaría una horquilla en su peinado, nuestra ignorancia sobre lo que es la intimidad seguirá intacta.


Yvette

Al pintor le entusiasmaban las bailarinas, el alcohol, el fulgor mortecino de los burdeles y la enigmática anatomía de los caballos. No tuvo más que dejar envejecer a Yvette Guilbert para encontrar el objeto más perfecto que la naturaleza le pudiera ofrecer a su obsesivo pincel. 




domingo, 20 de enero de 2013

El botón




Los peligros del exceso de información nunca serán suficientemente valorados.
Todas las mamás creemos que nuestros hijos tienen una inteligencia superior a la media.
Todas nos saltamos alegremente las etapas de su desarrollo cognitivo y les damos información sobre cosas que ellos- a diferencia de los hijos de nuestras amigas- sí entenderán.
Pero sólo las madres que somos biólogas y que además hemos cursado la asignatura de Desarrollo Embrionario podemos ser tan pedantes que rocemos la catástrofe tratando de  inocular toda nuestra ciencia a la menor ocasión.
Mi hija Noa, de tres años, no solo sabe qué es el clítoris, sino dónde está situado exactamente y cual es su homólogo embrionario en el cuerpo masculino.   
El otro día, mientras la duchaba, se abrió de piernas, desplegó las distintas capas de su cosita para hacer pipí, y me dijo Y ésto ¿ qué es?
Yo seguí frotando sus rodillas y, pretendiendo darle la misma importancia que si me hubiera preguntado por el lóbulo de su oreja, le dije: Ah, ¿ésto? Esto es como un pito, pero más pequeño. Y seguí con la esponja piernas abajo, satisfecha de haberle sabido dar los datos anatómicos sin más connotaciones. Después me entretuve un buen rato quitándole los macarroncillos que tenía entre los dedos de sus pies.
Dos días más tarde la información se había difundido como una gota de aceite en un papel secante. La niña había contado a todos su amigos del cole, a su profesora y a sus dos abuelas que ella también tenía pito. Un pito pequeñito.
Ayer me pasé toda la tarde recordando con odio a mi profesor de Desarrollo Embrionario y sintiéndome la peor madre del mundo.
Por la noche, mientras la bañaba le dije: Oye ,¿ te acuerdas de lo que te dije el otro día del pito? Pues me equivoqué. No es un pito, es un botón. ¿Un botón? –contestó rascándoselo- ah, vale.
Esta mañana me ha dicho que le seguía picando el botón. Le he puesto un poco de talco, le he cambiado las braguitas y la he llevado al cole sintiendo el enorme alivio de haber conseguido hacer reversible algo que sin remedio la hubiera llevado a la confusión, la promiscuidad y las drogas. He vuelto a casa pensando, admirada, lo maleable que es el cerebro de los niños ( el de mi niña mucho más que el de los hijos de mis amigas, estaba comprobado) y con la punzante sensación de que tengo una conversación sobre botones pendiente con mi hija dentro de unos años.

Para Blanca Torres, por sus jugosas anécdotas.

viernes, 18 de enero de 2013

Un cuadro del agrado de Hitler



La sobrina de Adele Bloch-Bauer, María Altman, tiene los mismos ojos tristes que su tía en el retrato pintado en 1907 por Gustav Klimt, en el que posa con ese vestido incongruente y dorado como una cúpula otomana. La heredera es en la actualidad una aristocrática  anciana con la cara cincelada y los ojos vencidos.

María Altman  consiguió, después de un largo litigio, recuperar el cuadro expoliado por los nazis a sus antepasados. Una vez lo tuvo en sus manos no se le ocurrió un gesto más noble que subastarlo por mas de 100 millones de dólares.

El nuevo propietario, un magnate neoyorquino dedicado a la industria de los cosméticos, quedó muy satisfecho con la transacción y la octogenaria “muy emocionada”,  según confesó en la rueda de prensa posterior a la subasta.

A partir de entonces la dorada Adele Bloch-Bauer posa en alguna importante pared - siempre joven, siempre triste y amarilla- rodeada de cosméticos, mientras su sobrina acumula toda la humillación de sus antepasados en una caja fuerte mostrando una avaricia casi a la altura de la que tuvo Hitler al pretender erigir, con los cuadros robados, el museo más deslumbrante del mundo.


domingo, 13 de enero de 2013

Una casa bien amueblada


                                                                                                                 
                                                                                                                  

                                                                                                                 “ No puedo estar sola,
                                                                                                                  pues me visitan multitudes; 
                                                                                                                  incontables visitantes
                                                                                                                  que irrumpen en mi cuarto.”
  
                                                                                                                          Emily Dickinson
Uno nunca sabe lo que realmente tiene en su propia casa.
La protagonista de esta historia venía experimentando desde hacía un tiempo una serie de visiones difíciles de confesar. Esas imágenes le perturbaban profundamente. Se repetía a sí misma que ella era la dueña de la casa y su única habitante. Pero  a veces atravesaba su ánimo una suerte de dejadez, una rara melancolía que le permitía aceptar sin problemas a todos esos seres  y paisajes imposibles que vislumbraba a través de las puertas entreabiertas de las habitaciones cada vez que recorría el pasillo.
En una ocasión, en el cuarto de invitados, vio a tres relojeros judíos sentados alrededor de una mesa. Se encontraban inclinados ante el mecanismo de un reloj destripado. Tan concentrados estaban, manipulando engranajes y  ruedas metálicas, que sus cabellos encanecían por momentos y sus cuerpos se iban encorvando hacia la vejez. En lugar de la cómoda se veía de fondo la bóveda de una sinagoga ornamentada con delicados motivos geométricos.
Una tarde  encontró a un grupo de personas en el recibidor que, tras colgar abrigos y paraguas en las perchas de la pared, se disponían a elegir uno de entre todos los sueños que les ofrecía una pitonisa reflejados en el fondo nebuloso de un plato con agua.
Otro día  le pareció que un ser humano, minúsculo pero perfectamente formado, asomaba por entre los pliegues de su almohada. Lo guardó en un sobre y le hacía visitas con frecuencia. Obtenía siempre como respuesta una sonrisa agradecida. En un momento dado lo perdió de vista y enseguida tuvo la certeza de que se lo había comido un perro, aunque ella jamás tuvo uno.
De vez en cuando, en el comedor, una niña vestida de blanco le dirige una mirada antigua- como de saberlo todo- mientras se balancea en una mecedora de mimbre.
Al principio le asustaban estas presencias, pero con el paso del tiempo al miedo se añadió una nueva emoción: el deseo de comprobar cada nuevo día con qué nuevos personajes, historias y escenarios iba a sorprenderle su casa.
Hubo de todo. Una cantante de ópera, un explorador, unos corredores de maratón, su amiga de la infancia, y hasta un macho cabrío. Una vez asistió a una ceremonia fúnebre en la que todos los vivos  irradiaban un extraño brillo de azufre fosforescente. En otra ocasión alguien suave y liviano como un ángel estaba limpiando las lámparas del techo. Dentro de ella, aparte de su YO, se alojaba una compañía de teatro al completo.
También hubo persecuciones,  insectos crujientes  y una manada de perros salvajes. A veces se veía a sí misma pariendo o con los pechos rebosantes de leche. Otras veces era como si un árbol hubiera echado raíces dentro de las ruinas de su antigua casa.
Los paisajes eran variados: mercadillos, estaciones de trenes, ríos. Todo se mostraba nítido, aromático. Limpio como un estuche de lápices recién estrenado, y así de humilde.
Cada imagen insinuaba un universo y después se apagaba, dejando como un  resplandor de fuegos artificiales en el aire.


(La foto fue tomada en un pueblo fantasma del pirineo de Huesca , Jánovas, cuyas casas fueron expropiadas y tuvieron que ser abandonadas a la fuerza debido a la instalación en el valle de un pantano que jamás se construyó.Un pantano de papel y de intereses económicos expulsó a los habitantes de sus casas. Los árboles son hoy los nuevos inquilinos)

martes, 8 de enero de 2013

ADN




Lo sorprendente no es que no fuera hijo de quienes lo criaron. Ni que la causa de su muerte no sea una conspiración asesina, sino una vulgar infección.  
No me impresiona saber qué comió la última vez, ni qué enfermedades hubiera tenido de viejo. Ninguna objeción al incesto, tengo la piel muy gruesa con tanta serie policíaca. Liarse con su hermanastra explica la prematura muerte de sus hijos, el clásico castigo bíblico por no respetar las normas.
Lo único que me deja totalmente desolado es que el pobre Tutankamon no pudiera llevarse ni un solo secreto a su escondidísimo sarcófago.


(Para mis sufridos compañeros biocontextuales -Jordi, Meritxell, Josep Maria, Tomàs, Marcel, Miquel y Quim-que tantos microrrelatos "raros raros" de la pesada de Paz han tenido que chuparse. Este es un "poquito" científico.)


lunes, 7 de enero de 2013

Dans le lit



El punto de vista es difícil, como si la escena estuviera dibujada desde la perspectiva de un perro- quizás el de la chica-que quisiera subirse a la cama y avisarles del peligro. La colcha grita con sus  pigmentos imposibles y la luz de la ventana acaba de romperse en mil pedazos mientras los durmientes reposan totalmente ajenos a la pasión de esta pintura aparentemente tan desapasionada.

viernes, 4 de enero de 2013

Secuestro




Diez años después de su muerte, el rabino Samuel Krakelnik decidió darse un paseo por algunas de las ciudades a las que había deseado viajar en vida.
Eligió las diez primeras de una lista que confeccionó cuando, en sus últimos años, ya inválido de cuerpo pero con la mente alerta, se dedicaba a escribir listas de objetos y de deseos.
Las primeras nueve ciudades las disfrutó como si aun poseyera todos sus sentidos.
La décima ciudad era Venecia.
El olor a humedad y a salitre, la bruma que el  Adriático exudaba en las madrugadas, y el óxido verde que cubría los embarcaderos, le disuadieron de prolongar su estancia allí por mucho tiempo. Ya se sabe que el agua, en todas sus manifestaciones, es un elemento muy  corrosivo  para la materia coagulada de la que están hechos los espíritus.
Cuando, tras dos días de visita, el rabino Krakelnik se disponía a regresar al cementerio de Praga, quiso dar un último vuelo a la misma altura que las  gaviotas para retener la visión del laberinto más complejo que había contemplado en su larga vida de estudioso de la cábala.
Eran las doce del mediodía de un domingo. Samuel Krakelnik se elevó sobre el Gran Canal. Las campanas de  Venecia empezaron a repicar todas a la vez, componiendo una figura geométrica de sonidos equidistantes.
 El  dibujo obsesivo formado por los ecos de esa música  enredó los hilos del cuerpo indeciso y húmedo del rabino, que se quedó oscilando entre las cúpulas de campanarios cristianos mientras la pequeña sinagoga de Venecia contemplaba impotente semejante secuestro.