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Escher |
A
la familia no le hace ninguna gracia ese resfriado. Más vale prevenir, subirlo
al coche y directos al hospital. Dos
horas en Urgencias. Lo suben a planta. En observación, les dicen. Pero la noche
es larga y el viejito está agitado: unas barandillas y un tranquilizante nunca
están de más.
Por
la mañana desayuna todavía adormecido, sin reflejos, y algo se le desliza por
el tubo de al lado. La broncoaspiración convierte el constipado en neumonía. A perro
flaco…Hay que tratarla con un antibiótico especial para infecciones
hospitalarias. Cinco días más. Ahora está desorientado y apenas puede moverse. Aunque
mala hierba, ya se sabe.
Al
salir del hospital sus familiares se sienten razonablemente satisfechos con el servicio médico, aunque algo confundidos. Y con la vaga sensación de no haber administrado correcta y completamente todas las frases hechas que se suelen recetar
en estas ocasiones.
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