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miércoles, 9 de agosto de 2017

Páginas en blanco


Duane Keiser 


Esta tarde me he sentado un buen rato en el sofá donde pasaba las horas mi padre estos últimos años. Al lado, en la mesilla, las gafas y su agenda marrón. La he abierto. Escribía a diario con su letra de médico. Notas encabalgadas unas sobre otras que días después, cuando conseguía hacer los recados,  tachaba. Sus hijas, sus cuidadores, sus obsesiones y sus visitas médicas se amontonan en esas páginas minúsculas encajadas sobre cuatro anillas antipáticas y pellizconas.
Todo repleto, en un caos que sólo él controlaba, justo hasta el día del ingreso. Después, de repente ya no hay nada.  Probablemente uno de los disfraces de la muerte sea el de las páginas en blanco. Sólo una nota en ese páramo  vacío: la inyección que tenía programada para hoy.
He estado a punto de tachar esa nota. De romper esa página. De aullar. De acercarme al ambulatorio y reñir al médico por haber programado esta visita imposible.
Pero al final no me he atrevido a mancillar un futuro de su pasado que nunca llegará, aunque coincida con este preciso instante. He vuelto a dejar la agenda sobre la mesilla, como quien abandona el mapa de un territorio ignoto y peligroso. Y he regresado a la tranquilizante línea del tiempo. He apuntado en mi agenda que mañana tengo que seguir vaciando los armarios del piso de mis padres. 


7 comentarios:

  1. Nuestro final es una incógnita, sí, y las páginas en blanco quedarán ahí, en una agenda, en un cuaderno, en un ordenador... Lo importante son las que dejamos escritas en la memoria de los nuestros. Tu padre seguro que ha dejado libros enteros en la tuya.
    Mucho ánimo y serenidad para pasar esta etapa tan complicada.
    Besos.

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    1. Muchas gracias por este comentario tan empático, Yolanda. Me impresiona mucho cómo el alma de los que se van queda impregnada en los objetos que usaron. A través de esos objetos podemos ir haciendo un duelo progresivo menos doloroso. Las páginas escritas en la memoria están grabadas a fuego, en efecto.
      Un abrazo grande y agradecido

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  3. , 8:19
    De Francia, de casa de mis padres, me empeñé en traer un mueble que pesa un quintal... fue todo una odisea, pero cada vez que, ahora, abro sus puertas, el olor de su madera y el ruido de sus goznes es como si ellos me volviesen a abrir sus brazos para asegurarme que siempre estarán conmigo mientras los necesite. Un abrazo, Paz.

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  4. Qué imagen tan bonita. Al asomarte al interior del armario es como si ellos te abrazaran otra vez. Gracias, Dominique, por darme pistas sobre cómo manejar el afecto a través de sus objetos. Abrazo de armario ropero

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  5. Ánimo! Qué pena da! Yo aún no soy capaz de tocar muchas cosas, un año y medio después.

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    1. ¡Gracias, Voz en off! Siempre es un desgarro y una especie de traición deshacerse de objetos de personas queridas.
      Un abrazo si te conozco, y si no también.

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