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miércoles, 19 de marzo de 2014

Espiral

        
Desde la sillita anaranjada que empuja su madre me dice adiós tren con la manita. 
Aparco un instante mis preocupaciones y le envío una sonrisa a través del cristal. En cuanto arranca el tren, mi hijo termina la carrera. Luego la empieza. Sus salidas nocturnas me impiden dormir. La moto y la primera novia disputan su posición en la fila. Arrastrarle al instituto, los partidos de básquet, la bici. Eran uno, dos y tres, los famosos mosqueperros. Dinosaurios y legos. Garabatos y chuches.
Y los sábados, empujar la sillita naranja hasta la estación para decir adiós a aquellos trenes.
En alguno de ellos quizás viajase una mujer que ya tuviera un hijo de veinticinco años.


¡¡ Felicidades, Carlos, en tu primer impensable y sorprendente cuarto de siglo!!

                                   Fotografía del protagonista cuando era rubito,hecha por la autora.

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