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jueves, 5 de octubre de 2017

Concatenación



Fotomontaje de Elías Ruiz Monserrat

Lo que empezó siendo una sucesión de inocentes desfogues sexuales a la salida del trabajo, se convirtió -con el paso de las semanas- en un temerario mirarse a los ojos con una complicidad avergonzada. Últimamente hemos caído en la imperdonable tentación de charlar sobre aficiones y recuerdos de infancia mientras tomamos café. Ambos sabemos que no es bueno jugar con fuego pero ayer leímos juntos el periódico, nos enseñamos fotos de nuestras respectivas familias y echamos unas risas con las ocurrencias de los niños del otro. Nos pasó el tiempo volando y cuando nos dimos cuenta estábamos cansados y ya era tarde para empezar con los rituales amatorios. Ambos somos conscientes de  que este asunto se nos están yendo de las manos.

Esta mañana mi mujer ha descubierto, en un  WhatsApp, el nombre de la novela que ella me quería recomendar. Me ha pillado desprevenido. Al pedirme cuentas no ha servido de nada que yo dijera aquello  de  “… y una cosa llevó a la otra”. Ni que le repitiera mil veces que sólo era amistad. Su mirada implacable no augura nada bueno y los términos legales ya sobrevuelan los oxidados engranajes de nuestro matrimonio.


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