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sábado, 24 de septiembre de 2016

Exterminio



Zapatillas de felpa, quitaesmalte, un estuche con rulos, algodoncitos y polvos de colorete, bandejas de plástico, botes de especias caducadas hace diez años, estampitas de la Virgen del Pilar y de la Cinta, el vaso de los gatitos de cuando éramos pequeñas, cepillos de dientes, papelitos con recados, recetas médicas, un bote de color rosa con polvos Talco, barras de jabón y brochas de afeitar. Y también aquel muñequito con mostacho y estampado raro donde mi madre guardaba las cajas pequeñas de cerillas, y un cepillo que aún conserva algunos de sus cabellos finos y rubios.
Después de clasificar los objetos según su naturaleza se sacan en bolsas , se bajan en el ascensor y se depositan en el interior de esas fauces que se abren en el suelo. Allá al fondo se oyen ruidos metálicos, vidrios que se rompen o un silencio acolchado, dependiendo del objeto de tus padres que estés tirando. Se mezclarán con otros objetos formando un magma indistinguible, que luego será absorbido para convertirlo en cenizas. Unas cenizas que jamás se encontrarán con las otras, las de quienes los eligieron, los usaron y los guardaron. Y así, mediante nuestra traición implacable, se clausurará definitivamente un mundo y un tiempo. El de las personas y las cosas que ya no están.

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