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lunes, 27 de julio de 2015

Lucy



Cincuenta y tres huesos. Emergen obedientes a los expertos toques del cincel. Una hembra joven, según se deduce de su pelvis. El maxilar inferior muy robusto para un cráneo tan pequeño. Húmero largo, como de simio. 
Están acostumbrados a celebrar el hallazgo de restos fósiles de hienas, babuinos o jirafas. Incluso los rastros de agua de lluvia grabados en los estratos de arenisca. Pero un hueso de homínido es algo improbable, excepcional. Los paleontólogos del equipo de D. Johanson pueden describir a un individuo a partir de un solo diente. Montar un puzle con tantas piezas es una bendición.
Mientras excavan el yacimiento en el magnetofón suena una y otra vez Lucy in the Sky with Diamonds. Una banda sonora ligada ya para siempre a la memoria del polvoriento paisaje de Afar, al descubrimiento del homínido que habitaba los bosques de Etiopía hace más de tres millones de años.
Se llamará Lucy, claro. Un magnífico ejemplar de Austrolopithecus afarensis, la misma especie de la que se encontrarán huellas fosilizadas años después. La primera que se irguió sobre sus pies. La tatarabuela africana de toda la humanidad. Nunca imaginó -no hubiera podido- que sería tan famosa en un remoto futuro. Tampoco los Beatles supieron que la L del “LSD” camuflado en el título de su canción sería el nombre de la entrañable antecesora de los homínidos que un día, con zancada firme y cráneo hipertrofiado, cruzaron el umbral de África para conquistar el planeta. 










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