Publicaciones

jueves, 1 de enero de 2015

La sirenita





                   Decir que las sirenas y los peces tienen branquias no es del todo correcto, pero no se me ocurrió otra alternativa. Es difícil convencer a una niñita de tres años que por encima de cualquier cosa desea ser una sirena, de que no debe intentar imitarlas. Me confesó que planeaba “ahogarse” debajo del agua  para así poder nadar como las sirenas. Le ofrecí otras opciones para disuadirla: princesa, hada, e incluso algún animal terrestre de los que tienen pulmones … pero después de ver la segunda parte de la sirenita no aceptaba otro destino. De nada sirvió explicarle que las personas no podían vivir bajo el agua, y que por otro lado las sirenas no podían vivir en tierra firme, ni siquiera en las piscinas o en las bañeras, imagínate todo lo que se pierden: los columpios, los juguetes secos y brillantes, las camitas limpias, las chuches…  Todo-en el mundo de las sirenas- estaba mojado, resbaladizo, frío. No era tan cómodo ser sirena. Y los peces no son ni la mitad de divertidos que los perros o los loros.

              Mientras trataba de contestar a su “¿por qué?” me miraba con ojitos soñadores a la vez que deslizaba el dedo en la espiral de uno de sus  bucles. Nada convencida, en absoluto resignada. Ella ya sabía lo que eran los pulmones, pero nunca había oído hablar de eso por lo que ahora suplicaba, apretando los puños, cerrando los ojos, con la desesperación y el deseo de una carta a los reyes: ¡yo quiero tener branquias!


2 comentarios: