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martes, 31 de diciembre de 2013

Orgía



El otro día visité a mi primo hermano, con el que jugaba cuando éramos pequeños. Nuestras madres siempre nos explican que les creció la tripa a la vez y que en nuestro primer verano, mi mamá le dio el pecho porque él tenía una infección.
Me enseñó su biblioteca.
Intercambiamos títulos, manoseamos lomos, apuntamos listas en papelitos improvisados y livianos como mariposas. Me mostró sus flamantes adquisiciones, que sobresalían tersas en la primera estantería-una especie de enfermería de triaje- preparadas para pasar por el escritorio y ser catalogadas en su fichero antes de ocupar su lugar en la biblioteca.
Cubríamos nuestros ojos alternativamente con las gafas de cerca y las de lejos en un baile sincopado y torpe. En las coincidencias, diminutos fuegos artificiales se reflejaban en las lunas de las lentes.
Avanzábamos a tientas en la memoria de las últimas lecturas. Deja que piense ¿cómo se llamaba? De repente se encendía una luz y salían cuatro autores canadienses  derechitos de mi boca a su oído. Luego otros cinco europeos en un prodigioso viaje de vuelta. Después nos sobrevenía un silencio denso, casi sagrado.
Me pasaba las ediciones más preciadas con el cuidado con que se entrega un diamante. Yo adivinaba los destellos de la joya entre las letras que avanzaban elegantes y pulcras hacia el final. El asentía con una sonrisa de experto.Cuando nos dimos cuenta de que ambos habíamos disfrutado con esa novela de ochocientas páginas nos inundó un extraño agradecimiento hacia no se sabe qué Dios.
Después de una hora salimos de la habitación con los ojos brillantes y un cansancio oxigenado. Hambrientos y algo despeinados volvimos a nuestras vidas, esas vidas vulgares y melancólicas en las que nadie sabe de nuestra incestuosa pasión.



Feliz año a todos los que se pasen por aquí. 


lunes, 23 de diciembre de 2013

Villancico

                                                             
                                                               La niña sube a la mesa.
                                                        Los abuelos levantan la cabeza.
                                                        La niña procede con su misión.
                                      Los padres sueltan moquillo por la nariz (de la emoción).
                                   La niña sube una octava el tono, y el volumen dos decibelios.
                                                 El hermano mayor rabia de celos (en silencio)
                                                                    La niña saluda.


Este es el relato que he presentado este mes en el blog del certamen Esta noche te cuento , con el tema "...apareció por navidad" http://estanochetecuento.blogspot.com.es/2013/12/dic42-villancico-de-paz-monserrat.html

                Aprovecho para felicitar las navidades con este Villancico tan "familiar".


jueves, 19 de diciembre de 2013

Requisito para la belleza

Ahora que la Bestia es tan bella como la propia Bella, ella no tiene el aliciente del contraste. Tanta belleza le aburre. Está pensando en abandonarle y dedicarse otra vez a los libros. Quizás en la biblioteca  encuentre a otro feo al que redimir.


                                                                  Ilustración de Vladimir Fedotko