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sábado, 23 de febrero de 2013

Salida de campo



Una vez recogidas todas las sondas, regresamos con los datos para hacer una caracterización del planeta.
En una primera aproximación podríamos decir que los organismos mejor adaptados, más abundantes y que mayor diversidad presentan son unos heterótrofos pequeños y coriáceos que sobreviven en cualquier hábitat y que  -atravesados individualmente por una estaca diminuta, uno de cada modelo- están ampliamente representados en ciertos edificios lóbregos donde se guardan ejemplares inmóviles de todas las especies.
Poseen cuernos, mandíbulas, patas enormes y variadas protuberancias. Están cubiertos por escudos metálicos o de un negro opaco. Su éxito no ha ocurrido  -y eso dice mucho en su favor-  en detrimento de ninguna otra especie. Son ubicuos, discretos, resistentes y humildes.
Otro grupo de organismos muy curioso lo constituyen unos seres con cuatro extremidades, una cubierta de pelo y que guardan a las crías adentro extrayendo suero de su propia sangre para alimentarlos en las primeras fases de vida exterior. Es un producto tan reciente en la evolución que aún no sabemos si tendrá continuidad. Probablemente un experimento arriesgado de la selección natural que a la larga resultará fallido en comparación con los verdaderos habitantes por derecho propio de este mundo. El diseño más delirante dentro de este grupo lo presenta una especie que se autodenomina “hombre”. A diferencia del resto de los mamíferos -así llaman el hombre a los de su condición- éstos poseen una implantación discontinua y absurda del pelo sobre sus límites, y pretenden sostener todo su peso sobre dos únicos pilares acabados en ínfimas superficies, lo cual les obliga a desplazarse de manera torpe y tambaleante. Tienen una gran facilidad para poner etiquetas a todo, así que no se les ha ocurrido nada mejor que llamar coleópteros ( o escarabajos) a la especie dominante, según consta en la lectura de sus códigos binarios. La convivencia entre ambos grupos nunca fue muy fluida, aunque parece que en algún momento los hombres fueron sabios y adoraron a los escarabajos. Más adelante, en su corta existencia como especie, un humano- en un texto fundacional y profético- tuvo la clarividencia de reconocer la superioridad del escarabajo frente al hombre metamorfoseando a uno en otro.
Así como los coleópteros poseen una metamorfosis completa y contundente,  con exoesqueletos que les blindan contra el entorno hostil y corrosivo del planeta, los hombres permanecen siempre como larvas blandas, totalmente vulnerables a los agentes externos. En ninguna fase vital poseen caparazón.  Se observa, pues, una interesante neotenia. De alguna manera conservan características juveniles toda su vida, siendo los casos más inquietantes los individuos que se hacen llamar (ese afán por poner nombres….) artistas y científicos. Los especímenes pertenecientes a estas categorías continúan durante toda su biografía realizando una actividad que en el resto solo es propia de las primeras fases del desarrollo embrionario: el juego.
Quizás  -es solo una conjetura- la rareza de este comportamiento sea la única tabla de salvación que le queda a esta especie suicida en el planeta Escarabajo.


 Este relato fue publicado en el número 67 de la revista Axxón Aquí . 

2 comentarios:

  1. Sí, en semejante planeta y con esa especie dominante, solo nos puede salvar el juego.
    Me gusta mucho, soy aficionada a la ciencia ficción.

    Besitos

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    1. Si, tenemos que insistir en el juego, y aprender muchas cosas de los escarabajos, esas 300.000 especies que discretamente nos observan escondidos, esperando su momento :-)

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